miércoles, noviembre 10, 2010

miércoles, noviembre 10, 2010
Junto a mí, estaban aquellos con los que había logrado una complicidad sin proponérmelo y a quienes decidí abandonar por alcanzar un sueño que resultó ser una quimera.

Y la complicidad volvió a surgir con los que estaban dentro de ese sueño mal imaginado. Pero la ruta había valido la pena recorrerla, por el alma que quedó marcada con manos que me moldearon para crear mi figura actual.

Y ahora, también han quedado atrás. Yo, ya moldeada, ya cambiada, ya diferente, vuelvo a un sitio al que no sé si pertenezco, pero que por haber nacido, me acoge sin cuestionar.

Y mi alma ya no pertenece ni a este ni al otro mundo. Ni a Londres, ni a México, ni a Barcelona. Las lágrimas corren cuando me doy cuenta de que no puedo tomar ese abrigo que huele a perfumes nuevos y viejos, para andar en medio del frío, sintiendo cómo se aproxima el invierno.

Me siguen consolando las mismas melodías y las mismas letras y los mismos verbos, pero ya no estoy ahí, en esa colina donde al sentirme pequeña, me sentía enorme.

Aquí, me siento nadie. No como en Londres, donde el anonimato me daba valor.
Aquí, me encierro entre cuatro paredes para no rendir cuentas a mi alma que, cada noche me pregunta si tomé la decisión correcta. La de dejar atrás un espacio que me daba, al menos, tranquilidad y paz.

Y la música sigue siendo la misma voz femenina en portugués que no entiendo pero que me arrulla.

Y sigo llorando como si nunca hubiera dejado el pequeño infierno dentro del paraíso y mi mente no me deja de lanzar preguntas, y me cuestiona, y me confronta, y me dice, ¿qué ha cambiado? ¿qué ha mejorado?

Y me paralizo y no sé qué responder y me acongojo y me debilito y caigo.

jueves, noviembre 04, 2010

jueves, noviembre 04, 2010
¿Será que hay algo más que a simple vista no se ve?

Siempre hay algo más que a simple vista no se ve....

miércoles, noviembre 03, 2010

Miedos profundos

miércoles, noviembre 03, 2010
En las noches sin luna, me causa temor pensar en que ya nunca volveré a enamorarme o que nunca más alguien pensará que mi compañía y mi cariño valen más que nada en el mundo.

Tal vez es un temor infundado. Tal vez, en realidad, mientras yo esté a gusto con mi propia compañía, la soledad no será un pequeño infierno del que quiera salir huyendo. Y a veces, me trato de convencer de eso, y hasta creo que las ventajas de no tener que rendir cuentas u obligarme a estar de bueno humor, son muchas.

Volteo a mi alrededor, y casi todos, sin excepción, tienen compañía.

No es garantía de que la compañía sea grata, pero la tienen.

Y yo, con la misma costumbre maldita e ilusa de pensar que tal vez, alguien, en sus sueños, o en sus despertares, o en esos segundos en los que de pronto perdemos la concentración, piensa en mi...

¿Quién piensa en mi?

¿Tú, que desde tus últimas palabras, has pasado de largo?

¿Tú, que me llenas sólo de palabras, sin ningún tipo de actos concretos?

¿Tú, que dices ser la persona que más me ama, pero que me ha leído contadas veces?

¿Tú, que por un instante me hiciste creer que el amor perfecto y la persona perfecta, existían, para después irte?

¿Quién? ¿Nadie?
 
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