sábado, octubre 29, 2011

sábado, octubre 29, 2011
Solo sueño con tener frente a mi su mirada, tierna, clara, intensa.

Él no lo sabe, pero sus ojos dicen tanto de lo que hay dentro de él...  y yo solo veo amor, un amor grande y tierno, y una ternura infinita que intenta ocultar siempre con su ropa obscura, con sus gorras, con sus lentes y con palabras que pretenden ser puñales sin lograrlo.

Su sonrisa trae tranquilidad, y su olor y sus besos una paz tan grande, que por eso, cuando necesito entender que soy feliz, sólo me recuerdo abrazada en sus brazos, sintiendo su piel desnuda y entonces, ya nada más me importa....

Me daba miedo admitir esto que siento, pero creo que estoy perdidamente enamorada...

París

Estoy aquí, andando en las calles, llenas de hojas cayéndose de los árboles, hojas amarillas, hojas secas, hojas rojas. Las veo caer y sé que yo no tengo ya un lugar aquí, de este lado del mundo.

En Londres, aprendí muchas cosas de mi. La importancia de la perseverancia, lo absurdo de la vida, la existencia de los sueños cumplidos, los resultados de la tenacidad y disciplina, la amistad verdadera, el amor superficial, la felicidad plena, la contradicción de la felicidad, el entendimiento de que las puertas a veces abren pero que esas mismas, inesperadamente, se pueden cerrar. Y el destino, la sutil pero marcada importancia del destino.

Nunca he añorado el pasado, no volvería a repetirlo aunque existiera la posibilidad. Sé ahora, que volver a Londres y esperar vivir y sentir lo mismo, sería una quimera temporal, pues ni yo soy la misma.

En este momento mi lugar está en México y lo sabía desde que decidí dejar Londres. Londres es parte de mí, esos 4 años son parte de mi historia y mi memoria y mi forma de ver la vida a esta edad, pero en el presente sólo puedo portar las enseñanzas, tirar los malos ratos después de aprender de ellos, y seguir.

Las circunstancias son tan cambiantes, la vida misma es tan dinámica que, añorar el pasado resulta reconfortante, pero hacerlo por demasiado tiempo es una pérdida de tiempo.

Tenía razón en el sentido de que volver acabaría con la idealización. Me cayeron tantos veintes mientras miraba París y le traslapaba encima a Londres. No hay ya lugar para mi ahí, no por el momento, y no sé si algún día volveré a tenerlo.

Volví a México a hacer periodismo, a hacer periodismo serio, que contribuya a una apertura real de información, a aportar a una sociedad herida, desilusionada, cansada. Volví para triunfar, no a desperdiciar oportunidades, volví para luchar, para gritar, si es necesario, que la vida vale la pena sea donde sea. Que los humanos, seamos de donde seamos, merecemos tener opciones para poder tener paz y tranquilidad y honestidad y abundancia. Que no sean otros los que decidan nuestro destino como pueblo, como habitantes, como personas.

Eso es lo que siempre me ha motivado y tal vez, el buen acogimiento de mis amigos verdaderos y el anonimato y la vida en un  sitio nuevo me hizo olvidar que mi paso por Londres, nunca estuvo para que se prolongara eternamente. Yo estuve el tiempo necesario, el justo, y la vida cerró esa puerta y me abrió inmediatamente otra por la que entré convencida de que ese era el camino. Hoy, sigo estando convencida de que lo es, que es un nuevo reto por el que vale la pena luchar, que de ese lado del mundo también merecemos lo mejor que se pueda desear.

Un año y casi cuatro meses después, tengo la certeza de que mi decisión fue la correcta. Estoy en mi momento, en mi lugar y hay que calentar motores, porque ya me pasé mucho tiempo sentada, haciendo únicamente lo que se espera de mí, pero nunca más que eso, y así nunca he sido yo. Yo decido mi destino, yo decido el rumbo y mi felicidad. No importa si tardé años en entenderlo, he recuperado a la Hanako que soy, la luchona, la fuerte y no la dejaré ir nunca más....

lunes, octubre 24, 2011

lunes, octubre 24, 2011
He percibido que desaparezco poco a poco, la Hana que se había logrado perfilar como única, con sus gustos, son sus lugares favoritos, con sus actividades predilectas, se está disolviendo, si no es que ya desapareció por completo...

Ya no hago tanto ejercicio, en Colombia no pude disfrutar el viaje por los correos celosos que recibía de él y ahora en Francia, tampoco he logrado relajarme del todo, y ahora ya no por él, sino por mí misma, por mi miedo a perderlo todo por mi ausencia...

Vivo con un miedo permanente, de perderlo, de volver a fracasar y aunque sé racionalmente que lo que tengo que hacer es vivir mi vida y amarme yo a mí, me ha costado demasiado trabajo ser independiente y dejar de estar pendiente de él todo el tiempo.

Me di cuenta que borró un comentario de Facebook y he estado inquieta todo el día, pensando que tal vez me quiere ocultar con sus contactos, que no quiere que le ponga frases cariñosas porque quiere dejar las puertas abiertas a otras relaciones... Esto, a pesar de que yo vi fotos de él con su ex, donde ponía sin tapujos que "la amaba como a nada en la vida"... y siento celos y me pongo a pensar que ella, su ex, fue suertuda de que él de decía esas cosas en público y lo ventilaba a los cuatro vientos.

Lo más triste es que me doy cuenta de que estoy de nuevo en un punto en el que estoy comenzando a hacer de esta relación algo dependiente y enfermizo, porque yo me estoy desdibujando, y lo peor de todo es que Néstor lo percibe e intenta que no sea así, pero cuando me dice que necesita estar solo, o me sugiere que yo esté sola, lo tomo como una amenaza de una separación definitiva.

La idea de que las cosas vayan mal a penas unos meses después de iniciar la relación me angustia, pues sé que eso conlleva la posibilidad de que termine y no es algo que yo desee.

Me pongo a pensar en qué momento fue que volví a este patrón de dependencia tan enfermo y tan obsesivo... Me pongo a pensar en las cosas que yo digo y pido y lo peor de todo es que no me parecen maduras, coherentes y aún así las hago.

Hasta hace unos minutos estaba intentando bajar Skype para llamarlo y reclamarle que me haya borrado mis comentarios en su muro de Facebook, pero lo pensé bien y cancelé el download. En la mañana le sugerí que si un comentario que él puso en su muro era sobre otra mujer... Se molestó.

Lo escribo y yo misma me doy cuenta que es una actitud molesta y que va totalmente en contra de lo que yo predico ser: independiente, madura, inteligente...

Sé que es inseguridad y la justifico culpando a David, pero lo cierto es que yo he sido así casi casi que desde siempre.

Pensé que ya había recuperado mi autoestima al estar sola por unos meses y que eso ayudaría a tener una relación sana, pero mi dependencia se disparó cuando estando en Colombia me llegaban correos de él diciendo que ya no nos viéramos. En lugar de ignorar sus ataques de celos, me enganché en esta inseguridad que parece no tener fin. No puedo dejar de ver la blackberry y aún estando en París, no dejo de chatear con él....

Tal vez debiera apagarla mañana... y descansar realmente no de él, sino de mis miedos que despiertan al pensar en él y que me tienen en una constante ansiedad y angustia y ganas de saber todo y controlar todo. Pienso que si lo suelto se va a ir...y me da pavor...

¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué?

¿Qué debo de hacer para perder este miedo a ser abandonada?

Por otro lado, este viaje me ha servido de alguna manera para darme cuenta que lo de Londres es una idealización absurda. Sí me encanta la ciudad y sí extraño cómo era yo ahí, pero no por pisar suelo europeo, como lo he experimentado, mis miedos desaparecieron. Ahí siguen...

Mi psicóloga tiene razón... Mi añoranza por Londres o algún otro país europeo, es sólo una cortina de humo para ocultar mis ganas de huir y el pensar que el problema son los lugares y la gente, y no yo, no mi interior. Al pensar eso, dejo de hacerme responsable de mi felicidad, porque es responsabilidad de lugar y de la gente, no mía....

Así escribiendo, pienso que la única manera de ponerle fin a este sufrimiento, es soltar los miedos, soltar las inseguridades, decidir que sea fea o bella, sea flaca o gorda, sea inteligente o tonta, sea soltera o con pareja, la felicidad depende únicamente de mi y de nadie más.

Buenas noches, desde Estrasburgo

sábado, octubre 08, 2011

Lluvia

sábado, octubre 08, 2011
Este sonido del agua que golpea al suelo, al concreto, al cemento, a las piedras y a las hojas, despierta con su insistencia mi recuerdo del caminar por Lisboa.

Esa lluvia tenue que al llegar a Belem, se convirtió en aguacero que escurría por la punta de mis cabellos y que acabó de pronto con esa paz que sentía en sus tierras, hasta que ella sola el sosiego me devolvió.

Las gotas que no dejan de caer en esta noche muda, me recuerdan ese amanecer del 27 de diciembre del 2008. Uno de los mejores de mi vida, con amores, amistades, Lisboas por recorrer y Barcelonas por conocer y rincones londinenses que almacenan memorias insustituibles que al pasar me embriagan el alma.

Cuando no estás, pienso en esos otros amores. En Londres y Camden y Primerose Hill. En Lisboa y las caminatas interminables con botas altas, los laberintos de Alfama con su ropa tendida de un balcón a otro y el fado con vinho verde. Y Barcelona y Gaudí y la calidez de los catalanes que he conocido. Y me refugio en ellos para sentir sosiego y reconfortarme en la soledad de esta habitación en la que la luna no se asoma y que la lluvia sólo suena pero no alcanza siquiera a empañar los cristales. Esa soy yo, y cuando no puedo estar a tu lado, abrazada a tu piel y respirando tu perfume casi imperceptible, decido regresar a esos momentos de dicha que me hacen recordar que la felicidad es posible aún sin tu presencia.


 
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