Descubrir que esa persona va ocupando un espacio cada vez más amplio en tu mente y en tu alma.
Que no está ahí porque con una declaración ha invadido tus ideas y te ha impuesto un sentimiento por haberlo mencionado, sino porque disfrutas cada vez más su sonrisa, su mirada, su piel sobre tu piel, su calor, su olor, su sabor y sus caricias.
Entender poco a poco que el amor no tiene que ser una avalancha de la que puedes o no salir ileso, sino que también puede ser un proceso tranquilo que se construye con paciencia y calma y tratando de entender que no por no ser diario y en todo momento el centro de su universo, quiere decir que no existes en él.
Confirmar que tus miedos desaparecen en cuanto escuchas su voz al otro lado de la bocina.
Y piensas que tal vez puedas dejar los miedos de una vez por todas... aunque todavía no te atrevas.
Y piensas que tal vez, un día, sin reflexionarlo ni planearlo, estarás profundamente enamorada y ya no habrá marcha atrás y te decidirás volver a amar....