Los demonios hay que enfrentarlos sola. Llorar todo lo que se necesite, incluso gritar, patear, golpear paredes o camas. Intentar superar los peores momentos de la vida sola, como nos tocó vivirlos. Dejar un rato de lado lo que puedan decir o pensar los demás y concentrarnos únicamente en lo que sentimos nosotros y entender que independientemente de que esos sentimientos puedan ser buenos o malos o tristes o felices, son nuestros y de nadie más. Y que lo ideal en esta vida sería que esos sentimientos no ahuyentaran a nadie y que la gente no se asustara al darse cuenta que detrás de esa pinta de perfección, está el ser humano que intentas ocultar. Un ser humano imperfecto, con momentos terribles, con demonios que parecen incombatibles y que teme la reprobación de los seres a los que ama. Porque esa parte hermosa, en realidad sólo existe y se resalta porque tú eres una mezcla de depresión, tristeza, ternura, inteligencia, disciplina, pragmatismo, responsabilidad, belleza, fealdad e intensidad.