miércoles, marzo 19, 2014

Memorias lejanas

miércoles, marzo 19, 2014
Pedazos de recuerdos, como moronas se esparcen. Voz aguda, cálida y serena. La canción dice: cuando era pequeña había un Dios y me cumplía mis más misteriosos deseos. Las rodillas se abrazan cuando nos hundimos en los instantes de sonrisas tersas. La serenidad regresa al oír tus calles de cebada y aceite quemado. El verano huele a leña caliente y tus vientos a primaveras tibias. Mi hogar es una Torre de Babel. Mi centro está en tu colina secreta que prohibe ver hacia atrás. El sol tímido rosaba mi piel con brisas de inviernos milenarios. ¿Te he perdido para siempre, mi amada fría, insomne, gris y embriagadora? El monstruo de 1000 tentáculos quiere borrarte de mi. Su esquizofrenia se cuela por los poros y grita para sobrevivir. Yo fui feliz en tus brazos viejos y rígidos, húmedos y susurrantes. Quiero perder mi juventud en tus rincones sin dueño, anónimos e invisibles. Que tus visitantes me envuelvan en sus caricias exóticas y en el clímax desaparecer. Disolverme en las minúsculas gotas y llover diario sobre ti, amada mía.

Oniguiri

Manos firmes, granos de arroz.
Palmas que moldean mi tranquilidad en forma triangular.
Sabor a sal, tibieza en el paladar. El alga sostiene ese universo de felicidad.

Madrugadas con olor a vinagre. Tus manos rígidas y flexibles a la vez.
El corazón salado y morado. El equilibrio perfecto. Umeboshi y gohan.
Oniguiri recién preparada, sonrisa inocente, tranquilidad y paz infantil.
El alma se sana con cada mordida. La confianza de días felices que se transportan en triángulos de arroz.
 
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