miércoles, noviembre 28, 2012

Último miércoles de noviembre de 2012 (23 días para el fin del mundo)

miércoles, noviembre 28, 2012

23 días para el fin del mundo y dos para el fin de la corta era panista en la que aprendí a ser periodista. ¿Cómo no pensar en eso después de ver una película sobre el plebiscito que quitó a Pinochet del poder después de 15 años? Viva la globalización y las presiones internacionales cuando sirven para promover la democracia. Abajo la democracia cuando se usa para retroceder 71 años en la historia (aunque suene medio dicatorial…).
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Camino por calles donde pocas veces la gente se disculpa por darte codazos, por empujarte intentando salir del transporte público o por casi atropellarte por no ver que la luz del semáforo ya había cambiado a rojo. Vivo en un país en el que importa más el color de la piel y el aspecto físico que el intelecto y la calidad humana; en el que tener auto te da estatus aunque eso implique quedarte atorado en el tráfico más de un par de horas al día y en el que el respeto por el espacio público es inexistente. Leemos poco y lo poco que leemos es malo; el libro más leído es El libro vaquero y el periódico con mayor circulación es el Esto, que contiene casi exclusivamente noticias deportivas.
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¿Cómo verán los extranjeros a México? Algunos ni siquiera saben que existe el país, pero los pocos que sí, me los imagino como a los no-italianos que observábamos sorprendidos cómo comicios tras comicios Berlusconi era reelecto. Nunca he conocido a alguien que haya votado por Berlusconi y conozco a muy pocos que votaron por el PRI. Noches como hoy, pienso que hay gente que vive en universos paralelos y por eso nunca me topo de cerca con priistas o ultraderechistas. Vivimos en contextos completamente distintos. Tengo un puñado de amigos panistas, ningún amigo priistas y muchísimos conocidos y amigos pejistas o perredistas (antes eran la misma cosa, ahora ya no). No suelo criticar a la gente por sus creencias, pero me es casi imposible profundizar una amistad con una persona que tiene creencias políticas totalmente contrarias a los mías. Simplemente, no siento que tengamos algo en común, más allá de ser seres humanos que vivimos en un mismo país en una misma época.
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Dicen que no hay mal que dure 100 años ni pendejo(s) que lo aguante(n). La esperanza nunca muere. Amén.

martes, noviembre 27, 2012

Último martes de noviembre de 2012 (24 días para el fin del mundo)

martes, noviembre 27, 2012

Hoy caminé lento por los pasillos del metro Tacubaya y me rebasaron niños vestidos de uniforme que jugaban a corretearse, una pareja de adolescentes abrazados por la cintura cargando libros de cálculo diferencial y un grupo de señoras parlanchinas que chismeaban sobre alguna aventura en turno del jefe de la oficina en la que trabajaban hasta las tres de la tarde. Al llegar a las escaleras para pasar de la línea uno a la línea siete, vi de reojo a una niñita sentada sobre una caja de madera junto a su padre que gritaba que los cacahuates costaban dos bolsitas por cinco pesos. La niña, con dos colitas sujetadas por listones rosa mexicano, clavaba los codos sobre sus rodillas y veía sin interés a los transeúntes. Ya casi nos vamos, le dijo su padre, y ella, sin voltear le dio el sí con su cabeza.

En el último año, el trayecto de Tacubaya a San Pedro de los Pinos lo viajo pensando en qué contarle a Cynthia, mi subconsciente y mi psicóloga dentro del consultorio que le definí a mi amigo David como un útero materno. Una vez que salgo del metro y me agarro de algún tubo en el autobús o me sostengo en un asiento, ya no pienso nada más que en el tráfico, la música que decidió ponernos el conductor a todos los pasajeros y en los autos que van circulando con una sola persona. A veces, invento historias alrededor de ellos. Imagino que van tarde a una cita con una amiga o que salieron del trabajo fastidiados para enfrentarse con el tráfico endemoniado de una de las ciudades más grandes y más pobladas del mundo. Cuando el conductor del autobús acelera a todo lo que da pese al tráfico, esquivando a los automóviles que están casi estacionados a su alrededor, me gusta pensar que voy sentada en uno de los coches que se ven por la ventana y me imagino intentando huir de la esquizofrenia de tener prisa y estar inmovilizada a la vez, sin poder avanzar después de tres luces verdes.

Hoy imaginé que iba en un Seat blanco, con Foster the People a todo volumen, con las ventanas bien cerradas para que nadie me escuchara cantar desafinada y conduciendo hacia alguna playa desconocida que me encontraría en el camino a casa. Ahí me quedaba hasta fastidiarme del sol y de la arena y la sal que se te queda pegada en la piel y extrañaba ser uno de los 30 pasajeros que se van empujando de un lado a otro por los enfrenones del autobús.

Una vez cruzada la puerta roja de cristal la historia cambia. Mientras camino al edificio B, apago los dos celulares o los dejo en vibración para que no alteren el equilibrio del útero materno presidido por Cynthia. Ahí, no entran nadie más que ella y yo, no entran jefes o colegas del trabajo, familiares, novios, amigos, nadie. Tal vez lleguemos a invocarlos a través de mis palabras, de mis historias y descripciones, pero no más, no está permitida la presencia física de nadie que no sea invitado, y de una vez aclaro, nunca nadie será invitado.

Cuando termina la sesión de lunes y/o jueves, 8 de cada 10 veces salgo con los ojos hinchados y la nariz roja de tanto sonarme. Lloro mucho. Ahí lloro aunque no haya planeado llorar. Hay días en los que me espero a llegar al útero para soltar las lágrimas que venía reteniendo desde la mañana, hay otros en los que llego bien y poco a poco lo que cuento me va sacando lágrimas. Al principio me resistía a llorar frente a Cynthia, porque para mi era una perfecta desconocida que había aceptado un pago por escucharme hablar 45 minutos. Muchas veces ella interviene y repasa lo que digo, como para que me dé cuenta de lo que acabo de verbalizar. Con los meses, entendí que llorar ahí estaba bien. Es tu espacio, solo tu espacio, me recalcaba constantemente y al final, le creí. A ella le he dicho cosas que no le diría a nadie más. Por 150 pesos la sesión me permite desahogarme y se guarda mis secretos. Creo que es un buen trato.

Saliendo de la puerta roja, el caos vial  y los claxonazos me pegan de frente y me regresan a la realidad. De alguna manera vuelvo a nacer al salir del útero artificial. Soy una nueva persona, porque todo lo que digo dentro, cambia mi perspectiva de la vida que me tocó vivir. Últimamente cruzo la calle y espero hasta 20 minutos a que pase un autobús que me saca a Insurgentes para ahí tomar el metrobús. En las noches, me gusta ir en el metrobús, que no es menos caótico que de día, pero las luces traseras de los autos que veo me calman el alma que a veces sale desasosegada.

Llego y el depa siempre está solo. A excepción por el perro que en cuanto me escucha cruzar la primera puerta de metal, salta apresurado de mi cama, porque sabe que no me gusta que se suba cuando no estoy. Si me van a picar sus pulgas, por lo menos que sea cuando yo así lo consienta. De todas maneras, siempre se echa sus siestas sobre mi cama y sus pulgas me siguen picando de vez en cuando. Al principio, me gustaba tomarme una cerveza fría al salir del útero y me ponía a ver programas de cocina británicos para despejar la mente y colocar el alma en momentos nostálgicos y agradables. Desde que la BBC cambió los programas de cocina por concursos de baile y canto, ya no prendo la televisión. Ahora ya ni siquiera bebo cerveza lunes y jueves. Solo me siento a cenar con una infusión de hierbas relajantes y si las circunstancias lo permiten, hablo con él para soñar algo lindo. 

miércoles, noviembre 21, 2012

miércoles, noviembre 21, 2012
Él: Yo creo que ella está celosa de nuestro amor.
Ella: :)

martes, noviembre 20, 2012

Recuerdo de un lunes por la tarde

martes, noviembre 20, 2012
Él tomó la cámara vieja y tomó una foto de perfil de ella.
Ella no alcanzó a sonreír, así que su rostro aparecía como haciendo una mueca en el retrato.
Él miró la foto en la pantalla del aparato y rió.
Ella le pidió que borrara la foto, medio molesta, medio riendo.
- Claro que la voy a borrar. No te voy a regalar con la cámara.

domingo, noviembre 18, 2012

Momentos

domingo, noviembre 18, 2012
Tu sonrisa al amanecer / tu piel suave / tu sonrisa después de un beso largo / mi suspiro antes de dormir / tus manos / tus besos / tu voz / tus manos sobre mi espalda / tus manos sobre mi cadera / tus ojos mirándome en medio de un orgasmo...

martes, noviembre 06, 2012

Errores

martes, noviembre 06, 2012
Shparky querido:

He vivido mi adultez con la certeza de que la gente comete errores. Grandes, pequeños, irrelevantes, significativos. También con el tiempo mis reflexiones me han llevado a creer que los errores a veces son relativos. A veces, los errores son aciertos. Algunos errores son peores para algunos que para otros. Así es esto de hacer las cosas mal, consciente o inconscientemente, o como se dice en lenguaje vulgar: cagarla.
Mi vida ha estado llena de grandes y pequeños errores. Pequeños errores como no haberme esperado un par de meses para renunciar a Reforma, para poder tomar cursos en Washington D.C. y Finlandia. En ese momento creí que era cuestión de coherencia. Años después pensé que tal vez hubiera sido buena idea aprovechar los frutos de mi trabajo. No lo hice. Cometí grandes errores como haberle hecho caso a mi antiguo jefe de la Secretaría de Economía y en lugar de estudiar Desarrollo Económico durante mi maestría, decidí estudiar Economía. Según él, eso me abriría mucho más el panorama. Tal vez tenía razón, pero en otro sentido. Me di cuenta de lo que no quería.

Hoy, ya que decidí salir de la cama y después de que los ojos se me deshincharon un poco, comencé a pensar en eso, en los pequeños y grandes errores que he cometido en la vida. Y, ¿por qué no?, en los grandes aciertos, también.

Lo que pasó el domingo, definitivamente lo originó un error. Minúsculo y sin relevancia para ti, un poco más grave para mi. Pero al final del día quedaste satisfecho de haber podido ventilar las cosas. A mi me costó un poco más superarlo. Por eso anoche estaba así, ala defensiva, molesta. Porque en mi personalidad hay algo que se ha mantenido a través de los años: mi hipersensibilidad y como consecuencia, la lentitud en superar cosas que, por más pequeñas que parezcan, me lastiman. Soy emocionalmente lenta, lenta pero segura.

Mi gran error fue asumir, de alguna manera y por malos entendidos, que a ti no te afectaba saber de mis exparejas y que en el caso específico de E, era mucho mejor que lo supieras de mi que de nadie más, porque nunca sabes con qué intenciones la gente te va a contar del pasado de tu pareja actual. Ese fue mi razonamiento, tal vez no desatinado, pero sí erróneo tomando en cuanta que es de las pocas cosas por las que te he escuchado muy molesto y muy mal.

Los errores no disminuyen de tamaño por haber sido cometidos sin el propósito de dañar. Así que debo asumir, por ahora, las consecuencias de mi falta de atención ante sus luces amarillas. No quieres hablar conmigo por teléfono hasta que no nos veamos en persona para hablar. Puede ser mañana, puede ser el jueves o puede ser cuando haya oportunidad de vernos. Eso me exaspera. Soy desesperada y quisiera que las cosas que tenemos atoradas como pareja las pudiéramos resolver lo antes posible. Pero por otro lado, entiendo tu punto, entiendo que no fui muy agradable ayer y que si realmente queremos que las cosas se resuelvan de fondo, llamadas largas por la noche que nos quiten horas de sueño no serán la solución.

Sé, como dices, que la solución real, duradera, está en mi seguridad, mi autoestima. Saber la enfermedad es una cosa, conocer la cura, otra. Ya cumpli un año en análisis y tengos claros mis síntomas, mis padecimientos, pero me ha costado trabajo encontrar una cura por mí misma. Mi libertad, que dicen que es el fin último del psicoanálisis.

Pero hablemos de aciertos, también. Para mi, fue un gran acierto conocerte y empezar a salir contigo. Eres, sin exagerar, lo mejor que me ha pasado en cuestión sentimental. Te valoro de sobremanera y eres muy importante para mi, porque me muestras a una Hanako que me gusta, que es feliz.

Por eso, quiero luchar por nosotros, por nuestra relación. Espero que con el tiempo, ese sea otro de mis aciertos en la vida.

Otro textito viejo de febrero del 2010

Para poder sanar, hay que saber que se padece de algo.
Si se padece de algo pero nos negamos a verlo, es difícil encontrar la cura.

Bien...

¿Adiós a Londres? // Texto que no se había publicado en el 2010

Hay tantas razones por las que me gustaría quedarme en Londres de manera permanente, que pensar en ellas me asfixia y me genera ataques de ansiedad. Que para que me pueda quedar - a corto plazo - tenga que mantener el empleo que tengo hoy en día es una realidad demasiado desafortunada. Sobre todo si considero que mi futuro profesional y toda mi experiencia y mis esfuerzos por sobresalir se irían directamente a la basura. 

¿Qué importa más? ¿Realizarme profesionalmente y poder levantarme cada mañana con la satisfacción de que trabajo en algo que me gusta? o ¿Levantarme medio de malas, medio triste pero dejar que ese sentimiento se vaya atenuando conforme camino por las bellas calles de Londres y tener la posibilidad de correr a esa colina para ver a Londres desde arriba y sentir esa paz enorme y decir "soy nada...no soy nadie, la vida es pasajera, la vida no es la realización, son los pequeños detalles, los amigos, los cariños logrados"?

Algo que temo mucho perder es a mí misma. A la Hanako versión Londres. Mucho más tolerante, mucho más independiente, mucho más libre y solitaria. Además hay motivos mucho más banales como que me gustan los hombre europeos, que me puedo embobar viendo a bellezas masculinas que por azares del destino cruzan a mi lado o se sientan frente a mí en mi viaje por el metro. Incluso me gusta que algunos de esos hombres bellos me voltean a ver porque acá los estándares de belleza son distintos y como decía una conocida: "En Londres me siento más atractiva". ¿Quién lo diría? ¿Más atractiva en Londres que en México? 

También perderé la libertad sexual con la que vivo desde hace 3 años y medio. Me he involucrado sexualmente con personas que sin problema alguno siguen siendo mis amigos, amigos reales, de los que te ofrecen un hombro para llorar o recargarte. ¿Pasa eso en México? No lo creo. Por lo menos a mí jamás me pasó. Es más, la mayoría de los mexicano que estuve involucrada sentimentalmente ya ni me hablan y encontrármelos por la calle no me genera felicidad.

¿Soy yo? ¿Soy yo la que por mi percepción he cambiado la realidad a mi conveniencia? 
No es que no quiera a México, y a su comida y a su gente de sonrisas fáciles y el sol y las playas... Simplemente nunca me había sentido tan en casa como en Londres. ¿Absurdo? Tal vez, pero es la verdad.


Dreams

A veces, los sueños que se hacen realidad son buenos.

:(

¿Por qué negarlo? Me siento fatal. Ese sentimiento de que estás a punto de dar contra el suelo después de lanzarte del abismo ha regresado poco menos de 11 meses después. ¿Motivos de fondo? Mi inseguridad. No poder superar el daño que me hicieron la mayoría de las relaciones de pareja que tuve en los últimos 10 años de vida. ¿Las consecuencias? Un muy mal momento con Edu un hombre que valoro mucho, que me hace una mejor persona, que amo, que admiro por su capacidad de reírse siempre y por sus charlas cultas y a la vez divertidas, por su capacidad de ser sencillo pese a ser muy inteligente y ser humilde aunque gente importante lo respeta. ¿El hecho concreto que desencadenó este mal momento? Una mentira de Edu. Me dijo primero que había ido a ver una película con su familia y a los 15 minutos me dijo que no, que no era cierto, que había ido con una exalumna. Yo me enojé e inmediatamente comencé a llorar. No grité, sólo lloré y le increpé por qué lo había hecho. Ese episodio en teoría había cerrado bien y Edu me dijo que se sentía muy bien con respecto a nosotros. Día siguiente. 22:30. En un mensaje Edu me dice que va tarde y que me marca a las 23:00. Dan las 23:15 y no me ha marcado. Me comienzo a desesperar y mi inseguridad se dispara. Yo todavía estaba acabando de procesar lo sucedido el domingo y se me vienen encima pensamientos de desesperación, de inseguridad, de nuevo y cuando por fin me llama, contesto de malas y le digo que por qué me llama tan tarde, que ya me voy a ir a dormir. Se saca de onda y acabo diciéndole que yo sigo dolida por lo que pasó el domingo, pese a que él se haya sentido bien con la plática. "A la que le mintieron fue a mi". Para él, como ya me había explicado que no me había dicho por no arruinar la buena relación que tenemos (o teníamos... ya no sé :/) y porque me notaba incómoda cuando él salía con otras mujeres, todo estaba bien. Yo seguía procesando todo. Me cuesta trabajo dejar ir, es la verdad. Y a eso hay que agregar que me cuesta trabajo dejar ir mi pasado doloroso. En eso, en una maniobra poco inteligente cambio el tema y le cuento que entrevisté a Emiliano. Acto seguido, se enoja él, mucho. No me grita pero usa palabras como "me nerva", "me hierbe la sangre" al referirse a los momentos en los que yo saco a colación a Emiliano. Le digo que yo no sabía, que nunca me había dicho que le molestara tanto. Me dice que con el hecho de haber acordado que no mencionaríamos los nombres nuestras exparejas él pensaba que yo dejaría de hablar de ese hombre que tanto daño me hizo. Yo le digo que si hablo de él es porque ya no me importa. Su, "Ahora me siento muy bien con respecto a nosotros" duró poco más de 24 horas y ya. Antes de colgar me pide que le dé unos días para que se tranquilice.
Ya a mediodía del día siguiente, me escribe y me dice que no quiere hablar conmigo por teléfono hasta que no hayamos aclarado las cosas en persona, porque esas cosas en realidad no se deberían de hablar por teléfono pero lo hicimos y resultó muy mal.

Me entra un miedo terrible. Yo amaba las llamadas nocturnas con Edu, corrijo, las amo. Me encanta poder decirle Shparky o Eshhhparky como él me dice.

Siento que abrí una caja de Pandora y ahora no sé qué hacer. Estoy inundada de un sentimiento de inseguridad severo, como no lo sentía desde que Néstor se fue con Érika de viaje. ¿Por qué? Edu no se ha ido a ningún lado, ayer me insistía en que estábamos viendo la manera de arreglar las cosas. Yo en un arranque le dije que si él creía que nunca podrá superar lo de Emiliano, que me dijera y que lo dejáramos así. Yo no quiero y no quiero que él quiera. Yo quiero que estemos juntos y bien. Es verdad Edu. A mi también lo único que me importa es que podamos estar bien. ¿Estamos bien? Creo que en este preciso momento no, tristemente, porque yo no estoy bien y perdí (espero que temporalmente) la posibilidad de hablar contigo antes de dormir cada noche.

Se asomó la Hanako que no me gusta, la Hanako controladora, la Hanako con ansias de omnipotencia. Y ¿por qué negarlo? recordé mis noches de dicusiones con David y me resurgió mi enojo contra mi madre que toda mi infancia se la pasó anulándome y que me sembró un miedo al abandono tan profundo que me ha costado mucho trabajo arrancar.

Solo deseo con todas mis fuerzas que las cosas entre Edu y yo, como pareja, mejoren a partir de esto, que sea el inicio del fin de mis inseguridades. Porque lo amo.

lunes, noviembre 05, 2012

lunes, noviembre 05, 2012
Si todo el día ha estado nublado, hace frío y el sol se oculta apenas dan las 18:00, no hay forma de que no extrañe Londres y sus inviernos que tantas depresiones me provocaron. Por lo menos, allá vivía entre dos mundos: el exterior con vientos helados y mi flat, con calefacción. Acá tengo que prender mi calentadorcito para poder soportar el depa de por sí congelante.
¿Cuándo te ibas a imaginar que estarías entrevistando a un cura mientras un exnovio te observaba y otro exnovio grababa la entrevista que hacías? Nunca. Pero así es la vida, se divierte contigo y tus circunstancias internas.

sábado, noviembre 03, 2012

sábado, noviembre 03, 2012
Creo entender por qué soy intolerante ante la impuntualidad y la espera prolongada. Me produce una sensación de abandono, de no importarle al otro al que decide llegar tarde sin importar que estoy esperando por él.

Noviembre

Noviembre empezó con comida colombiana, un cumpleaños sin celebrar, un hôjicha con sabor a agua quemada, "El extranjero" de Camus, S(h)parky y una llovizna inesperada que duró menos de tres minutos.
 
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