Un amigo menos en la lista, cuatro meses menos en el calendario, una semana menos y varias lágrima menos.
El fin de las cosas, de los ciclos, extrañamente siempre me ha traído sensaciones de paz y de entusiasmo.
¡Sí lo he logrado, Michelle! Ya no me genera angustia irreparable la pérdida de días, horas, personas, circunstancias que nunca fueron lo que prometían ser.
Ayer me pasó por la cabeza que nunca he sido tan fuerte como ahora. Nunca antes había pensado, de corazón: "Tú te lo pierdes. Yo valgo muchísimo". Sé que suena a libro de auto-ayuda, pero realmente nunca antes había estado convencida de que soy importante y mucho y no aceptaré ningún trato que no sea justo.
Amanecí un poco apachurrada, pensando en las ausencias, pero puse música, y mientras me secaba y alaciaba el cabello, me puse a bailar al ritmo del pop que tocaban en las discotecas cuando era adolescente. Nadie se merece mis lágrimas. Yo merezco estar feliz porque mi consciencia está tranquila y porque "it feels so good to be happy!".
Dicen que las enfermedades que nos tocan sufrir, reflejan nuestro estado psicológico. Yo tengo una piedrita en el riñón derecho. Acumulación de cosas que se fueron juntado y se volvieron un elemento sólido. Suena a que cargo todo conmigo, no dejo ir las cosas y las voy acumulando.
El diagnóstico emocional, psicológico y físico está hecho.
Las personas non gratas solitas se han alejado. Queda en mí borrarlas de mi mente y de mi alma, porque no quiero más piedras en mi camino, en mi vida, en mi cuerpo.
Queda en mí también buscar nuevos horizontes, nuevos retos, y nunca está de más tener guardados en la bolsa del pantalón o del abrigo, motivos para sonreír :)