martes, febrero 24, 2009

Todos los caminos llevan a ..... ¿Londres?

martes, febrero 24, 2009
Por primera vez en mucho tiempo, cuento ansiosamente los días que faltan para volver a la Ciudad de México.



Al iniciar la cuenta regresiva, surgen en mi mente los motivos que me llevaron a decidirme por dejar el DF y lanzarme a la aventura de vivir en el extranjero por más de un año.



En primer lugar recuerdo mis clases de inglés de los sábados. Eran de 9 a 12 en el Anglo de Guadalupe Inn. Las instalaciones en las que tomé mis clases por más de 8 años ya ni siquiera existen. En ese entonces, la sucursal estaba en la calle que ahora se llama Juan Pablo Segundo, muy cerca de la representación del Vaticano en México. Los libros de texto siempre tenían algún relato relacionado con la vida en el Reino Unido. Recuerdo especialmente uno que estaba ilustrado con la foto del Big Ben y el parlamento. Estas historias fueron alimentando poco a poco mis deseos de estudiar en Londres. Quería ver con mis propios ojos a los birtánicos y sus costumbres y caminar por sus calles, que en esos libros siempre eran mostradas como limpias, amplias y con días soleados.



Con el tiempo, comenzaron a surgir otros motivos para salir de mi país. Sumadas a mis aspiraciones académicas, aparecieron razones personales.



Por la influencia de mis padres, que se doctoraron en Alemania, sentía la necesidad de estudiar una maestría en algún país europeo. El primer lugar que me vino a la mente fue el Reino Unido. Además de contar con universidades de gran prestigio, cumpliría mi sueño de vivir en una ciudad británica.



Por otro lado, mi relación de pareja se había vuelto algo insoportable. Durante 4 años, estuve saliendo con un hombre separado que nunca se divorció y que me fue infiel de una manera que se había vuelto dolorosamente cínica. En mi mente se enquistó la idea de que si no dejaba México, nunca podría dejar atrás esa relación enfermiza.



Con el fin de estar donde estoy sentada hoy, tuve que pasar por varios procesos.



Mi primer intento de conseguir la Beca Chevening fue un fracaso. Hace algunos meses, revisé mi aplicación que envié en el 2003 y le faltaba fuerza y claridad.



Eso no me detuvo. Después de indagar entre amigos que sí habían sido acreedores de la prestigiosa beca, me enteré de que la experiencia laboral en el gobierno era considerado como una ventaja. Decidí renunciar al periódico Reforma. No fue una decisión fácil, pues era un trabajo apasionante. Pero no estaba dispuesta a sacrificar mi sueño.



6 meses después de haber salido del periódico, estaba trabajando en la Dirección de Comunicación Social de la Secretaría de Economía. Después de trabajar un año en la dependencia, volví a iniciar el proceso de aplicación para conseguir la beca. No había manera de estudiar una maestría en el Reino Unido si no conseguía apoyo económico.

Por fortuna, conté con la asesoría de mi ex jefe, Julio Pastor, que amablemente me corrigió mis ensayos y me dio valiosos consejos sobre el tipo de cartas de recomendación que me ayudarían. Él mismo había sido becario del Consejo Británico en el 96.



Para febrero del 2006, era ya una becaria Chevening y me disponía a aplicar de lleno a las universidades para estudiar una maestría en Economía.



A partir de ese momento, una cosa llevó a la otra y después de concluir mi maestría, tuve la suerte de conseguir un puesto como Coordinadora de Producción en Telesearch, una empresa que se dedica a organizar producciones de TV para canales japoneses.



De mis experiencias y sentimientos durante mi estancia en Londres he hablado en otros posts. No todas han sido positivas y a veces siento que estoy a punto de estancarme. Muy dentro de mí está creciendo poco a poco una sensación de necesidad de cambiar de ciudad, de trabajo, de grupo de amigos...en fín, de aires, pues.



Como bien dice la sabiduría popular, la vida da muchas vueltas y todo cambia.



Así como tuve momentos de enamoramiento por Londres, por su enegía y su vitalidad, también he tenido momentos de desamor y deseos de distanciamiento. Ahora, después de haber pasado por ambos extremos, el amor y el odio, simplemente siento ganas de descansar un poco. Relajarme de este sentimiento de no pertenecer a ningún lado, de sentirme extranjera siempre.



Y ese descanso deseo tomármelo en la Ciudad de México. Tengo ganas de redescubrir los rincones en los que crecí, en los que reí, en los que lloré.



Deseo caminar por las calles de la Condesa, donde pasé mi infancia, y volver a recorrer las calles del Centro Histórico. Volver a ver todo con calma. Después de tantos años de ausencia, será sin duda una experiencia enriquecedora. Será como volver a abrir el baúl de los recuerdos y emocionarme por detalles, olores y ruidos que eran parte de mi cotidianidad.



A casi 2 años y medio de mi llegada a Londres, extraño a mi ciudad y regreso a ella muy diferente de cuando la dejé...

viernes, febrero 20, 2009

Felicidad contidiana

viernes, febrero 20, 2009
A veces me siento estúpida al tratar de estar feliz todo el tiempo. Hay días en los que resulta un esfuerzo hasta absurdo.

En ocasiones me estoy muriendo por dentro o estoy incómoda conmigo misma. Pero el temor de volver a caer en ese espiral del cuál tanto trabajo me costó salir me da inmediatamente los motivos suficientes para buscar desesperadamente razones o hasta inventarlas y sacarme una sonrisa forzada.

Es una felicidad impuesta a la que me voy adaptando poco a poco. Es un ejercicio en contra de mi naturaleza nostálgia y melancólica, pero me da la ilusión, tal vez falsa, de que tengo control de mis emociones y que soy por momentos esa Hanako estóica que alguna vez existió.

Lo hago con la ilusión de que la felicidad se logra a través de la razón. Cuando la razón misma me dice que no es así....

jueves, febrero 19, 2009

Reflexiones culturales

jueves, febrero 19, 2009
Han sido días de poco trabajo. Me la he pasado leyendo notas en El País y en otras páginas de internet para no hundirme en el aburrimiento y en un sentimiento de angustia de no estar haciendo nada, de estar dejando pasar el tiempo como si nos sobrara.

Por casualidad, me topé con un artículo escrito por Mario Vargas Llosa publicado en el número más reciente de Letras Libres.

Habla de cómo la cultura se ha ido vanalizando. Es un artículo bastante interesante y en el que el peruano le da una explicación válida a las preguntas que a veces me hacen mis amigos sobre por qué no quiero leer los "best sellers" o ver películas muy comerciales.

Vargas Llosa lamenta en su artículo el hecho de que en la actualidad se prefieran las manifestaciones culturales fácilmente digeribles, lo que no nos haga pensar, lo que no nos haga recordar que la vida es dura.

Es cierto. Y en lo personal prefiero pensar y mucho. Reflexionar sobre los lados obscuros de la vida. Introducir mi mente en los rincones más profundos.

Por eso adoro a Virginia Woolf y por eso me encantó el Libro del Desasosiego.

Busco en esos libros respuestas a mis dudas más básicas sobre qué es la vida y cómo podemos enfrentarla.

Esta reflexión sobre el artículo la escribo con prisa y he dejado de lado muchas cosas sumamente interesantes.

Espero poder tener el tiempo más adelante para escribir algo mucho mejor planeado y pensado.

Mientras, aquí está en link.

http://www.letraslibres.com/index.php?art=13553

De los sueños hechos realidad...

¿Quién nos dijo que los sueños hechos realidad son motivos de felicidad? Nadie. Aún así, soñamos y soñamos y soñamos. Como dice Bernardo Soares en el Libro del Desasosiego (de Fernando Pessoa), "que los Dioses me cambien los sueños pero que no me quiten la capacidad de soñar".

Soñé toda mi vida con Londres, con estar viviendo en esta ciudad fascinante y vibrante. Luché por conseguirlo. Traté y traté y lo logré. Pero la vida no termina cuando los sueños se cumplen. La euforia fue diluyéndose en la cotidianidad y en las angustias provocadas por mantener el sueño como algo perfecto. Sufrí profundas desilusiones y me conocí a mí misma en momentos de dolor y ansiedad como nunca imaginé.

No nos damos cuenta de la importancia de los otros hasta que nos quedamos solos. Padecemos en soledad ese infierno que creamos para poder cumplir con expectativas que los otros tienen sobre tí. Y te hundes y te hundes hasta que sientes que no te alcanza más la respiración.

Aún con todo esto, me siento satisfecha con mi vida. Vivo convencida de que no todo el mundo tiene la suerte (o la mala suerte) de cumplir sus sueños y poder decirlo con la frente en alto. Después de quitarse la venda de los ojos y ver que la realidad es igual de dura y cruda en Londres, en México o en donde sea, algunos tenemos la fortaleza de volvernos a parar y seguir andando.

Una de mis cualidades es ser optimista. En ocasiones me parece que puede ser un defecto, pero vivo con esa característica en mi personalidad. Me ha ayudado a levantarme y volver a confiar y a tener fe en que algo mejor está por venir. Y muchas veces ha sido cierto.

Ahora tengo nuevos sueños. Deseo que se hagan realidad, a pesar de que sé que su belleza se volverá a diluir en cuanto se cumplan. No me importa. Quiero llenar mi vida de sueños cumplidos. Unos tras otro, hasta que se me acaben.

Quiero llegar al final de la vida y decir con la frente en alto:
"Soñé y viví mis sueños".
 
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