Antes de empezar, te pido disculpas por escribirte así, sin previo aviso, después de tanto tiempo.
Hace unos meses, me topé con un correo tuyo con una felicitación por mi cumpleaños.
Hoy intenté abrirlo de nuevo, pero mi cuenta de Hotmail ya no me dejó entrar (leí que desaparecerán Hotmail pronto... ha de ser por eso).
Tardé meses en decidirme a escribirte para agradecerte el gesto.
Creo que fue para el cumpleaños del año pasado, pero la verdad no estoy segura.
De todas maneras gracias por acordarte de mí.
Supongo que Jaime te ha contado que, desde finales de junio del 2010, volví a México. Trabajo en CNN como reportera y hace unas semanas comencé una maestría en literatura y creación literaria.
Todo va bien en general. Vivo con una amiga en un barrio lindo y si bien no faltan las típicas crisis por el trabajo o por la familia, poco a poco he logrado encontrar la calma interna, tras meses de psicoanálisis con una terapeuta lacaniana (tú sabes mejor de esas cosas).
Yo también me enteré que te casarías con Tom.
Posiblemente ya estés casada y te envío felicitaciones sinceras.
Al principio fue complicado volver a México. El primer año me la pasé añorando Londres. Ahora las cosas son un poco más sencillas y le he encontrado el gusto a esta ciudad tan grande y tan caótica.
Siempre sirve estar enamorada de un buen hombre.
El año pasado, tuve la oportunidad de visitar Colombia y conocer Bogotá y Cartagena de Indias.
También fui a París al día siguiente de mi cumpleaños y me quedé 12 días. Descubrí que no es que extrañe Londres o Europa, extraño la que era yo allá, en algunos aspectos. Otros, la verdad, me hacen sentir mejor acá en México.
Hoy, a diferencia de las veces anteriores que empezaba los correos y los borraba sin enviarlos, decidí escribirte y acabar el correo y picarle a "send" porque apareciste en mis sueños y me dí cuenta de que estuve muy inquieta todo el día repasando algunas vivencias juntas.
No espero que me respondas ni que seas cordial conmigo en la respuesta, si es que decides hacerlo.
Era un pendiente que yo tenía conmigo misma, esto de escribirte ya mucho más tranquila que en esas noches de viernes que acababa llorando en las calles o en mi cama.
Tú sabes que fuiste importante para mí, y aunque me cueste aceptarlo, lo sigues siendo en muchos aspectos.
Tal vez tardé demasiado en entender que somos seres humanos, y como tales, cometemos errores.
Te mando un abrazo con mis mejores deseos.