sábado, noviembre 28, 2009

sábado, noviembre 28, 2009
I knew it....

viernes, noviembre 27, 2009

Turbulensa

viernes, noviembre 27, 2009
"Madre que procura los caminos bendecidos de las almas que se hicieron a la mar, convierte la pena en amor, y que en tus aguas viajen sólo buenos sentimientos. Tu brisa me revela secretos que harán que se aclare el tiempo y es tu movimiento, tu silencio el que me hablará…"

martes, noviembre 24, 2009

I have a wish

martes, noviembre 24, 2009
Hoy me gustaría que al salir de la oficina, estuviera sobre alguna calle de la Colonia Condesa.
Pienso en sus calles y aparecen recuerdos bellos, de esos que te reconfortan el alma cuando se te abre un hueco. Rememoro lo que ha sucedido en Michoacán, en Pachuca, en Cholula, en Tamaulipas y siempre una sensación de enorme paz me invade. Me huele al Café de la Selva, saboreo ese corte argentino, me sabe a la nieve de guanábana que comía cuando tenía 5 años, vuelvo a repasar esas pláticas como de 3 horas y revivo esa borrachera monumental con tequila de a penas hace unos 4 meses...

Comienzo a recordar y cada vez me voy más y más para atrás. Cuando las memorias tiradas al vacío, por su dolor y por sus consecuencias eran buenas, habían empezado, siempre, en la Condesa.

Mi niñez, mis amores, mis sueños...

Hoy me gustaría simplemente caminar y caminar y sentarme en un café a leer y ver la vida pasar en esas calles.

La Condesa para mí es ese lugar al que quiero regresar. Ese lugar en el que siempre me siento en casa.

lunes, noviembre 23, 2009

It's time to be bold!

lunes, noviembre 23, 2009
Suena más profundo de lo que en realidad es, pero últimamente me la paso preguntándome quién soy y en qué momento me volví una mujer tan llena de miedos y de temores. Cuando me pongo a pensar en cómo era en la prepa y en la universidad, me recuerdo como una persona fuerte y pragmática. Y ahora todo me da miedo. Que si me voy de Londres me voy a arrepentir toda mi vida, que si no regreso a México me voy a quedar con el mismo trabajo mediocre toda la vida, que si me voy a España igual y no consigo trabajo, que si esto que si lo otro, pero todos son miedos, miedos y miedos.

El sábado estaba cenando con un amigo y su manera de ver la vida me recordó mis épocas audaces que dejé en algún lugar entre México y Londres y en algún momento entre 2006 y 2009. Cuando le contaba cuánto trabajo me había costado decirle a mis padres que no me había gustado mi maestría y que posiblemente no estudiaría un doctorado, me lo soltó así a rajatabla: “¡Ay, por Dios! Con todo respeto, porque sabes que yo te respeto, tienes 31 años, no vives con tus padres desde hace 3 años o más, tienes tú vida y nadie te está diciendo qué hacer o que no. Eres totalmente libre de hacer lo que se te dé la gana”. Cuando me dijo eso, así tan de frente, le di un empujón a través de la mesa y le dije que se calmara. Que no tenía ni la mínima idea de lo que era tener unos padres así, tan preparados y una madre tan chingona. Me dijo que no, que seguramente no tenía idea, pero que él también hacía muchas cosas para complacer a su padre, que consideraba como un hombre muy inteligente y que estaba tratando de dejar de hacer eso.

La primera vez que le conté esta anécdota a este mismo amigo, lo hice llorar y me acuerdo que me saqué muchísimo de onda. (Tampoco era para tanto…)Ahora que se lo volví a contar me puso en mi lugar y se lo agradezco enormemente. Es verdad. Es absurdo que a mi edad, estando donde estoy, viviendo en la ciudad en la que vivo, después de haber superado tantas dificultades, y haber logrado tantas cosas, esté más llena de miedos que de metas. Ahora más que nunca puedo hacer lo que se me dé la gana. Viajar sola, meterme a lugares a buscar historias, no hay quién me juzgue porque nadie me conoce.

Es momento de mandar al diablo (o a la chingada…) todos estos miedos infundados por mí misma y que traigo cargando desde hace unos 2 o 3 años. No pasa nada. La vida está para eso, para darnos de madrazos y aprender de ellos. Ya basta de imaginar escenarios futuros catastróficos y quedarme encerrada en mi cuarto, en mi mundo y pensando en qué haré de mi vida temerosamente. Debo recordarme siempre lo que aquel profesor nos dijo en la primaria: “Siempre hay que apuntarle a llegar a lo más alto, así aunque no alcancemos ese punto más alto, habremos llegado bastante lejos y estaremos más cerca de alcanzar lo que soñamos”.

viernes, noviembre 20, 2009

Esa ilusión que crea la distancia...

viernes, noviembre 20, 2009
Al parecer la distancia me ha ayudado a tirar paredes y a poner un filtro tenue sobre mi persona.
Para algunas personas, a lo lejos, parezco perfecta. A lo lejos, los errores no se ven y entre más tiempo pasamos lejos, mejores personas nos volvemos a los ojos de los demás.

A otros, la distancia les ha dado el valor de acercarse y saludar, por más extraño que eso suene.
Me llama la atención cómo personas con las que a duras penas cruzaba palabras, me saludan
familarmente por Facebook. Eso es extrañísimo.

Recientemente me agregó a su lista de amigos, un chico con el que trabajé en la misma redacción, pero que más allá de algunas miradas que cruzábamos, jamás se acercó a saludarme. No sé bien si era timidez o soberbia. En el pasado, la verdad, me parecía muy soberbio. Desde la primera vez que lo ví me pareció un chico interesante, pero sus maneras me mostraban, a lo lejos, a una persona arrogante.

5 años después de que salí de esa redacción me agrega en la lista de amigos y hasta comenta sobre mis posts y me manda abrazos.

Otro ejemplo claro es el caso de un chico con el que estuve sentimentalmente involucrada.
Nos dejamos de ver más de 2 años y en ese inter no hubo ninguna comunicación entre nosotros. Es más, yo hasta creía que le caía mal, porque yo siempre lo saludé con mucho gusto y a él se le notaba que me saludaba bien por mera amabilidad. Al poner en mi status de Facebook que iría a México en junio del 2008, no tardó en proponerme que nos viéramos y en nuestro segundo encuentro hasta me tiró la onda. Aunque las cosas no resultaron tan color de rosa como el inicio de la historia lo prometía, ahora somos "amigos" y hablamos y nos vemos relativametne seguido.

¿Será que en el pasado andaba demasiado distraída e insegura por la vida y no me daba cuenta que estos personajes andaban rondando por ahí? ¿Hay algo en mí persona que hace que las personas teman acercarse mucho a mí? ¿O es real eso de la timidez y alguno nomás no pueden decirte las cosas de frente (ni siquiera un: ¡Hola!)?

martes, noviembre 17, 2009

martes, noviembre 17, 2009
Nothing in this life can be forced. It is time to move on.

domingo, noviembre 01, 2009

Notas de Viaje / Lisboa 1

domingo, noviembre 01, 2009
27/12/2008 


Llegué ayer por la noche a Lisboa. No sé si haya sido porque llegué al día siguiente de navidad a un país donde las tradiciones católicas son importantes, pero sus calles estaban en silencio, casi vacías. Sólo las luces, los adornos y los anuncios espectaculares llenaban la vista de ruidos. Siguiendo las indicaciones de un mapa que imprimí desde internet, me dispuse a jalar mi maleta por sus aceras hechas de pedacitos de piedras de color crema. En medio de ese silencio, el ruido de las ruedas resultaba ser hasta escandaloso. Lo primero que noté, con gusto al inicio, pero con un poco de preocupación después fue la inclinación de las calles lisboetas. Son calles que suben y bajan de manera dramática, que son curvas que de pronto se vuelven angostas y quedaba poco espacio para que alguien más pudiera caminar por la acera junto a mí y mi pequeña maleta marrón.

Se respira una tranquilidad única, pero no es una ciudad muerta. Es una ciudad que te acoge en silencio y que si te dejas perder en sus arterias que no siguen un orden racional, la conoces mejor y te disuelves poco a poco en ella.

Aún no he caminado mucho por sus calles. Hoy me uní a un recorrido en auto que nos llevó a 7 pasajeros y a un conductor (Lisboeta él, llamado Bruno) por Sintra, Belem, el Palacio de Pena, Cascaiç y el punto más al occidente de Europa. En Sintra se refugiaba Lord Byron y toda ella está llena de callecitas angostas con una influencia árabe que se refleja en los azulejos pintados que llenan sus paredes y sus locales. Paramos en dos tiendas que vendían tartas. "Los dulces son parte de nuestra cultura porque al ser los portugueses uno de los primeros en comerciar con los árabes, trajimos el azúcar y empezamos a hacer experimentos con ella", explicaba Bruno, lisboeta de ojos verdes, risueño, conductor y guía. No únicamente los dulces, - que de tanta azúcar pueden empalagar a un paladar poco acostumbrado - sino también en la arquitectura de sus palacios se ve y se nota la influencia árabe. Bruno asegura haber leído recientemente un artículo que aseveraba que el 54% del DNA de los portugueses proviene de los moros.

Tuvimos poca suerte con el clima. La caminata para llegar al Palaço da Pena fue sólo el inicio de un día húmedo y brumoso, raro en estas partes de continente. Es como si Londres no quisiera que lo desplazara cada vez que piso nuevas ciudades que encuentro fascinantes de alguna manera.

Pese a esa humedad que goteaba agua por todas y cada una de las partes expuestas a la intemperie, el Palaço da Pena me mostró una manera diferentes de ver los espacios. Arcos, caminos que llevan a jardines ocultos desde donde se ve bosque y mar, el cargar de decoraciones los techos y las paredes por "el horror al vacío", sillones tallados en madera con un detalle que era hacía difícil encontrar un inicio y un fin. Amarillos, rojos, azules, verdes, rosas. Cúpulas con bebederos, plantas tropicales, motivos para construir palacios como el mero amor al arte o a una bella mujer.
Luego fuimos a las playas de Cascaiç, que son de un azul único. No es el azul turquesa del Caribe, pero tampoco el azul profundo, azul marino de los mares del norte que conozco. Es un azul único, con arena sin rocas, con olas que rompen limpias y salpican sal y espuma al que pasa a su lado. Es como un azul verde pero un poco más azul que verde.

También leí un tablón de piedra pegado a una columna y que anuncia que estamos parados en un punto donde "termina la tierra y empieza el mar", porque es el punto más al occidente de todo Europa. Y seguimos por la costa y llegamos a Belem. Un lugar que fue absorbido por Lisboa pero que antes era un lugar lejano. Belem tiene monumentos como su torre que imponía con su presencia a los navegantes que llegaban al puerto cuando Portugal vivía su época de oro como potencia naval, pero que después se convirtió en prisión y después sólo un recuerdo de esos grandes tiempos. Frente a ella está el monasterio de los Jerónimos que impone por dentro y por fuera. Se le nota la edad en los estilos góticos, en sus detalles de los techos altos, y pese a que sólo se pueden ver de lejos, desde abajo, se nota que el tiempo se ha quedad con algunas partes y se ha comido el cobre que ahora es verde. Belem también es famosa por sus tartas de crema pastelera con canela y azúcar glass por las que los lisboetas se forman 20, 30 minutos, aún en días como hoy que no dejó de llover de 9 a 9.

Aquí la vida pasa tranquila, lenta, de manera parsimoniosa. Se vive el hoy y se disfruta con una sonrisa. Aquí la gente disfruta vivir con calma los pequeños detalles de la vida. Ven el lado positivo dentro de lo inevitablemente melancólico. Es vivir orgullosos y felices de lo que fueron pero que ya no son, y celebran lo que ha sobrevivido a las derrotas y las guerras, como sus vinos, su gastronomía, sus tiempos. Son las sonrisas de los niños y niñas que tienen una paz que transmite.

Portugal y su gente es como ese alguien que te gustaría ser, porque es feliz con lo que tiene, con su cultura, su herencia, pero no impone nada. Sólo disfruta y goza.




 
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