domingo, noviembre 01, 2009

Notas de Viaje / Lisboa 1

domingo, noviembre 01, 2009
27/12/2008 


Llegué ayer por la noche a Lisboa. No sé si haya sido porque llegué al día siguiente de navidad a un país donde las tradiciones católicas son importantes, pero sus calles estaban en silencio, casi vacías. Sólo las luces, los adornos y los anuncios espectaculares llenaban la vista de ruidos. Siguiendo las indicaciones de un mapa que imprimí desde internet, me dispuse a jalar mi maleta por sus aceras hechas de pedacitos de piedras de color crema. En medio de ese silencio, el ruido de las ruedas resultaba ser hasta escandaloso. Lo primero que noté, con gusto al inicio, pero con un poco de preocupación después fue la inclinación de las calles lisboetas. Son calles que suben y bajan de manera dramática, que son curvas que de pronto se vuelven angostas y quedaba poco espacio para que alguien más pudiera caminar por la acera junto a mí y mi pequeña maleta marrón.

Se respira una tranquilidad única, pero no es una ciudad muerta. Es una ciudad que te acoge en silencio y que si te dejas perder en sus arterias que no siguen un orden racional, la conoces mejor y te disuelves poco a poco en ella.

Aún no he caminado mucho por sus calles. Hoy me uní a un recorrido en auto que nos llevó a 7 pasajeros y a un conductor (Lisboeta él, llamado Bruno) por Sintra, Belem, el Palacio de Pena, Cascaiç y el punto más al occidente de Europa. En Sintra se refugiaba Lord Byron y toda ella está llena de callecitas angostas con una influencia árabe que se refleja en los azulejos pintados que llenan sus paredes y sus locales. Paramos en dos tiendas que vendían tartas. "Los dulces son parte de nuestra cultura porque al ser los portugueses uno de los primeros en comerciar con los árabes, trajimos el azúcar y empezamos a hacer experimentos con ella", explicaba Bruno, lisboeta de ojos verdes, risueño, conductor y guía. No únicamente los dulces, - que de tanta azúcar pueden empalagar a un paladar poco acostumbrado - sino también en la arquitectura de sus palacios se ve y se nota la influencia árabe. Bruno asegura haber leído recientemente un artículo que aseveraba que el 54% del DNA de los portugueses proviene de los moros.

Tuvimos poca suerte con el clima. La caminata para llegar al Palaço da Pena fue sólo el inicio de un día húmedo y brumoso, raro en estas partes de continente. Es como si Londres no quisiera que lo desplazara cada vez que piso nuevas ciudades que encuentro fascinantes de alguna manera.

Pese a esa humedad que goteaba agua por todas y cada una de las partes expuestas a la intemperie, el Palaço da Pena me mostró una manera diferentes de ver los espacios. Arcos, caminos que llevan a jardines ocultos desde donde se ve bosque y mar, el cargar de decoraciones los techos y las paredes por "el horror al vacío", sillones tallados en madera con un detalle que era hacía difícil encontrar un inicio y un fin. Amarillos, rojos, azules, verdes, rosas. Cúpulas con bebederos, plantas tropicales, motivos para construir palacios como el mero amor al arte o a una bella mujer.
Luego fuimos a las playas de Cascaiç, que son de un azul único. No es el azul turquesa del Caribe, pero tampoco el azul profundo, azul marino de los mares del norte que conozco. Es un azul único, con arena sin rocas, con olas que rompen limpias y salpican sal y espuma al que pasa a su lado. Es como un azul verde pero un poco más azul que verde.

También leí un tablón de piedra pegado a una columna y que anuncia que estamos parados en un punto donde "termina la tierra y empieza el mar", porque es el punto más al occidente de todo Europa. Y seguimos por la costa y llegamos a Belem. Un lugar que fue absorbido por Lisboa pero que antes era un lugar lejano. Belem tiene monumentos como su torre que imponía con su presencia a los navegantes que llegaban al puerto cuando Portugal vivía su época de oro como potencia naval, pero que después se convirtió en prisión y después sólo un recuerdo de esos grandes tiempos. Frente a ella está el monasterio de los Jerónimos que impone por dentro y por fuera. Se le nota la edad en los estilos góticos, en sus detalles de los techos altos, y pese a que sólo se pueden ver de lejos, desde abajo, se nota que el tiempo se ha quedad con algunas partes y se ha comido el cobre que ahora es verde. Belem también es famosa por sus tartas de crema pastelera con canela y azúcar glass por las que los lisboetas se forman 20, 30 minutos, aún en días como hoy que no dejó de llover de 9 a 9.

Aquí la vida pasa tranquila, lenta, de manera parsimoniosa. Se vive el hoy y se disfruta con una sonrisa. Aquí la gente disfruta vivir con calma los pequeños detalles de la vida. Ven el lado positivo dentro de lo inevitablemente melancólico. Es vivir orgullosos y felices de lo que fueron pero que ya no son, y celebran lo que ha sobrevivido a las derrotas y las guerras, como sus vinos, su gastronomía, sus tiempos. Son las sonrisas de los niños y niñas que tienen una paz que transmite.

Portugal y su gente es como ese alguien que te gustaría ser, porque es feliz con lo que tiene, con su cultura, su herencia, pero no impone nada. Sólo disfruta y goza.




jueves, octubre 08, 2009

Creencias

jueves, octubre 08, 2009
A veces pienso que creer en el amor verdadero es como seguir creyendo en Santa Claus o en los Reyes Magos...

miércoles, septiembre 02, 2009

Un miércoles cualquiera...

miércoles, septiembre 02, 2009
23:34 en Londres, 07:34 en Tokyo, 08:34 en Melbourne, 17:35 en la Ciudad de México.


Casi un litro de Coca Cola Light en la sangre para mantenerme despierta.


Unas 20 conversaciones con 5 o 6 amigos por Facebook.


5 programas diferentes en la televisión británica, incluyendo una que otra película empezada a la mitad y terminada a medias.


La lluvia duró menos que yo y las nubes se han ido con la luna.


Influenza AH1N1, ratas entrenadas para detectar minas antipersonales, una larga charla con mi madre sobre dónde será la próxima ciudad en nuestras vidas. Mi madre tratando de convencerme de que evite la Península Ibérica y yo tratando de convencerla de que necesito un poco más de sol y de alegría en mi vida.


Pienso la ruta de regreso a casa, sin saber a qué hora podré por fín emprender la salida. Pienso mientras miro mi cara cada vez más pálida, cómo es que iré a aguantar un concierto de rock mañana por la noche.


Me miro las uñas que necesitan manicure, el cabello que necesita un corte.


Imprimo encuestas y pago las cuentas.


Me acuerdo del sueño de la noche pasada y pienso que ni tiempo de soñar tendré esta noche. No dormida, en todo caso. (Despierta me la paso soñando...)


23:41 en Londres, 07:41 en Tokio, 08:41 en Melbourne, 17:41 en Ciudad de México...

sábado, agosto 22, 2009

Nostalgia

sábado, agosto 22, 2009
Caminar estas calles y toparme con olores que me transportan a mi infancia.
Que el calor del sol sobre mi piel me recuerde al que se asoma del otro lado del atlántico.
Abrir los ojos y ver entre las persianas cielos que parecen más azules de lo que son y de pronto sentirme a unos miles de kilómetros de donde estoy acostada.
Ver el reloj y añadirle simpre 6 horas más para imaginarme qué estarán haciendo los de mi sangre y los de mi alma.
Llegar a mi cuarto y percibir un olor a limón...

sábado, agosto 15, 2009

Estar sola...

sábado, agosto 15, 2009
He ido perdiendo poco a poco el temor a la soledad, al hacer cosas sola, a viajar sola.

De mi primer viaje sola fue testigo Lisboa y no pude haber elegido una mejor ciudad para hacerlo. Con sus cafés, sus calles empinadas y sus rincones ocultos tras casas de tejados rojos y balcones, aprendí a disfrutarme en una ciudad desconocida. Todas las sensaciones, todos los olores, los colores, los sabores y los sonidos fueron míos y sólo a mí misma me contaba lo que sentía y lo que vivía.

Mi primera ida al cine sola fue ya hace un tiempo, después de haber ido a cubrir sola una convención sobre organismos suministradores de agua en Colima, México. Recuerdo que volví temprano del viaje, como a eso de las 7 am, y como debía de presentarme al trabajo por la tarde, decidí que en lugar de dormir iría a la matinee de "El crimen del padre Amaro".

Hoy fui sola a un festival de jazz en Canary Wharf. Llegué cuado ya había iniciado su acto el primer grupo. Un grupo de jazz experimental al que me costó trabajo encontrarle melodía a sus piezas. Me senté en el pasto y me puse a leer un libro sobre la psicología femenina. Después, cuando Lizzy Parks subió al escenario, puse más atención a la música y a su bella voz, y menos a mi libro.

No era yo la única que se había ido a escuchar música sola.

Pensé que vivir en Londres, ser una extranjera y estar por el momento bastante desconectada de los que decían ser mis amigos, me facilita la tarea de pasar desapercibida y sentarme en paz a escuchar buena música y leer un buen libro bajo el sol veraniego de Londres.

El ir sola y sentarme en un concierto, o sentarme en un café a tomar té negro con un pastelillo de Belem y escribir sobre mis reflexiones se facilita cuando me siento invisible.

Debo de confesar que en la adolescencia, mi mayor temor era estar sola en medio de una multitud. Sola en medio de una reunión donde todos se conocieran y yo no conociera a nadie. Vivía con esa pesadilla en la que todos se me quedaban viendo raro por estar sola y sin nadie a quién llegar a saludar afectuosamente.

Afortunadamente, la vida me ha enseñado que el sentirse así depende de uno. En realidad, a la gente le importa poco si vamos solos o acompañados. Lo importante es disfrutar el momento.

Y tanto al volver de Lisboa como al volver del concierto de hoy, me he quedado con una sensación de satisfacción y plenitud que no siempre se ha dado en compañía de terceros.

domingo, agosto 09, 2009

Cambios, cambios, cambios.

domingo, agosto 09, 2009

Nunca había tirado tantas cosas a la basura. Incluso tiré cosas que podrían servir y usarse todavía, pero mi necesidad de renovación, de olvido, de poner un punto y aparte alcanzó tales dimensiones, que me dediqué a lanzar lo que encontraba a mi alrededor en una bolsa negra de plástico.

Rompí fotos, cartas, dibujos, todo. Como bien dijo Jaime, parecía que hubiera roto con un novio de muchos años. De hecho, no había roto y tirado tantas cosas desde que me separé por primera vez de mi ex novio David.

Después de este ejercicio catártico, salí y lancé la bolsa negra en el patio que está delante del flat. Necesitaba tirar todo lo que me recordara esa desafortunada experiencia. Dos años y medio no se deberían de tirar así a la basura, pero lo hice. Y fue una sensación de alivio y de tranquilidad.

Curiosamente fue justo cuando necesitaba desocupar el flat en Camden así que aproveché para tirar junto con los objetos, todos los recuerdos negativos, los sinsabores, las lágrimas, las sensaciones de vació e incluso los momentos en los que me había sentido arrepentida por haber dado demasiado o por no haber dado lo suficiente.

Y así es como me dispongo a iniciar un nuevo periodo de mi vida en Londres. Curioso es pensar que llevo casi 3 años en esta ciudad y una nueva etapa acaba de iniciar.

Un nuevo flat, nuevas compañeras, nuevas ilusiones que me han mantenido ocupada diariamente al volver del trabajo. Tengo también ganas de estrenar gimnasio, de conocer nuevas rutas, nueva gente, nuevos pubs, vivir nuevas experiencias y darle a mi alma y a mi mente nuevos sueños por cumplir.



sábado, julio 25, 2009

Reflexiones de un sábado por la noche

sábado, julio 25, 2009
Estoy sola, en mi flat sobre Camden Road, pensando que últimamente le hacen falta emociones fuertes a mi vida. Me refiero a emociones positivas y fuertes, de esas que te sacuden y te mueven el piso.

No tengo nada de qué quejarme tampoco. Acabo de volver de un viaje maravilloso a Chiapas y unos días en Zipolite con Denís y Arash, cada vez me llevo mejor con mi familia, el trabajo va bien, sigo viviendo en Londres (sigo viviendo mi sueño de adolescencia).

Pero no me levanto por las mañana con esa emoción que te da un trabajo apasionante, no estoy enamorada y me siento más bien como avanzando lento lento y silenciosamente. A mí eso de la monotonía me puede matar. A veces pienso que en el pasado hasta he provocado rupturas y encontronazos con tal de sentirme viva. No creo que eso sea lo mejor en estos momentos.

He pensado en ponerme retos nuevos. Cambiar a un trabajo más apasionante, salir a lugares nuevos para conocer gente nueva, buscar nuevos aires, comprarme una bici, etc etc

Con respecto a lo de la enamorada, no he hecho mucho al respecto. En eso sí creo que estoy dejando descansar un poco mi alma. Sé que cuando esté lista para amar, aparecerá la persona indicada. Ya paso de ligues de una noche y amores tormentosos de los que he salido lastimada.

Así que a esperar. A esperar mientras busco un mejor trabajo, conozco gente nueva y encuentro actividades que realmente me apasionen tanto que se sacuda mi universo. Tal vez la etapa en la que todo te llegaba solito, sin que tuvieras que pensar en nada, ha pasado. Tal vez ha empezado una etapa en la que yo debo de escoger por dónde caminar, qué sentir y qué vivir para poder darle sabor a mi vida.

Y aún así, como soy una necia, romántica y optimista empedernida, sigo pidiendo silenciosamente y muy a mis adentros, que algo extraordinario y maravilloso pase pronto y esa chispa que parece apagada se vuelva a prender.
 
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