A veces me siento estúpida al tratar de estar feliz todo el tiempo. Hay días en los que resulta un esfuerzo hasta absurdo.
En ocasiones me estoy muriendo por dentro o estoy incómoda conmigo misma. Pero el temor de volver a caer en ese espiral del cuál tanto trabajo me costó salir me da inmediatamente los motivos suficientes para buscar desesperadamente razones o hasta inventarlas y sacarme una sonrisa forzada.
Es una felicidad impuesta a la que me voy adaptando poco a poco. Es un ejercicio en contra de mi naturaleza nostálgia y melancólica, pero me da la ilusión, tal vez falsa, de que tengo control de mis emociones y que soy por momentos esa Hanako estóica que alguna vez existió.
Lo hago con la ilusión de que la felicidad se logra a través de la razón. Cuando la razón misma me dice que no es así....
En caricatura - Lecciones de honestidad desde el PP
Hace 7 años.
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