Mucho tiempo, el día de la semana que menos disfrutaba era el domingo. Me entraba una sensación de rechazo por tener que volver a la escuela y no poder desvelarme porque al día siguiente empezaba ya la semana. Además, odiaba que siempre después de comer, mis padres y mis hermanos tomaran la siesta. Cuando yo no podía dormir después de comer, me sentía sola, muy sola, como si me hubiera quedado perdida en medio de la nada. Esa sensación duró hasta que dejé México y viví en Londres. De pronto, ya no importaba si era sábado o domingo o el día que fuera. Estaba tranquila.
Se me curó el mal de los domingos desde que ya no vivo con mis padres.
¿Qué es lo que de pronto te provoca que dejes inquietudes?
En caricatura - Lecciones de honestidad desde el PP
Hace 7 años.
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