Se me cae poco a poco el sol de la piel. Rayos de sol que retuve conmigo en la cima de la pirámide donde los hombres se volvían dioses. Un sol sagrado que se me quedó grabado y que con el tiempo quiere desprenderse con un cambio de piel. Conservo el sol en mi ser, en mi sangre, en mis pensamientos. No pude volverme diosa, pero la experiencia fue casi divina.
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