Lo que hizo desaparecer el dolor no fue la dona de chocolate amargo que compramos en la panadería de techos color vino en medio de la llovizna de la que nos protegimos abrazados bajo el paraguas rojo. Tampoco fue el agua hirviendo mezclada con vinagre de arroz que dejé que se evaporara entre mis piernas...
Fueron tus besos, tus caricias, tu mirada preocupada y tus abrazos.
No necesitaba nada más que eso para sanar lo que fuera.
En caricatura - Lecciones de honestidad desde el PP
Hace 7 años.
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