Hay días como los de hoy que parece que todo se te cae encima. No te han hecho un pago que necesitas, debes la cantidad más alta de impuestos desde que comenzaste a trabajar para dentro de unos días, la próxima semana es el pago de la primera mensualidad de la maestría y a final de mes es el cumpleaños de tu novio al que querías apapachar y ya no sabes si te vaya a alcanzar. Para colmo, los pendientes parecen no avanzar ni un poco. No me pasan la información que necesito para una nota que tengo que entregar el viernes. Hoy es miércoles. No puedo evitar comenzar a llorar frente a la pantalla y pensar que tal vez no debí comprarme mi iPhone nuevo ni irme de vacaciones con Edu a Real de Catorce. Cuesta más de lo normal ser mi mejor amiga y decirme que tanto el iPhone como las vacaciones las merecía y que he trabajado mucho como para merecer darme los lujos que quiera. No he renovado mi guardaropa en años y trabajo hasta los fines de semana. No es que sea mi culpa, son gajes del oficio de ser freelance. Tal vez un poco más de ahorro planeado no haga daño, pero tengo 16,000 pesos ahorrados, lo que pasa es que no me los quiero gastar justo porque sé que los pagos pueden caer tiempo después de lo que se espera. Hay días en los que mis compromisos económicos me aplastan. Renta, teléfono, internet, colegiatura, comida, transporte, psicóloga, gimnasio... Pero el asunto es que todo ello lo necesito de alguna u otra manera, no me doy lujos innecesarios. Por eso, en realidad la única solución es seguir trabajando, entender que no siempre se pueden cumplir con los plazos y priorizar. Si no se puede comprar el spa para dos de 2,000 pesos para Edu, además de la comida en un buen restaurante, pues sacrificamos alguno de los dos, el chiste es que la pase bien. Igual y un masaje para él y ya, y le haces de comer o lo invitas el fin que sigue. Tratar de no morir en el intento, disfrutar el camino aunque me haya tropesado y la rodilla me duela y me sangre, es lo importate.
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