Nuestros encuentros se han ido convirtiendo en algo parecido a la segunda parte de una mala película de amor de bajo presupuesto. La historia sigue sin ningún propósito claro y tampoco hay un desenlace contundente. No sé si fue culpa de la inercia o la maldita soledad que da el invierno. O esas ganas de hacernos tontos y creer que eso que en algún momento llamamos “bello” podía volver a nacer de las cenizas.
Recuerdo la noche en la que se cruzó la raya. Esa raya que habíamos trazado un día de febrero. Hasta ese sábado de octubre vivíamos pretendiendo que no teníamos una historia común, pero convivíamos como si fuéramos amigos de toda la vida y hablábamos de los episodios vividos como si hubieran sido experiencias fraternales. Ahora, de pronto, hemos revivido nuestra historia y nos comportamos como si eso nos diera el derecho de besarnos y acariciarnos sin exigirnos nada a cambio, y despedirnos por la mañana como amantes de años.
Lo complicado de todo esto no está en que tengamos siempre que mezclar un par de pintas de cerveza a nuestros encuentros o que inventemos pretextos para vernos antes de tener el valor de abrazarnos por la cintura. Se vuelve complejo porque casi siempre, cuando me surgen ganas de ti y del calor de tu piel bajo tus cobijas gruesas, para ti soy invisible.
Ya no sé si lo que sucedió lo vivimos juntos o si lo recordamos de la misma manera. Tal vez hayan sido sólo ilusiones mías y un deseo irrefrenable tuyo que sólo podías admitir poniendo como motivo el leve mareo provocado por el alcohol.
No puedo ni reclamar ni exigir nada porque nunca lo he hecho. A estas alturas no puedo pedir sentimientos sinceros ni sexo con amor. Ni siquiera sinceridad cruda porque eso nunca ha definido esta maldita relación.
Tus desapariciones abruptas ya no me hacen llorar ni me hierven la sangre. Sólo me hacen prometer por enésima vez que ya no te buscaré.
Por lo menos la luna llena me ayuda recordar Estambul y otros perfumes y otros ojos. Pase lo que pase siempre tendré a Estambul. Un pequeño pedacito de mi corazón se ha quedado allá. No sé si vuelva a buscarlo o si se quede allí perdido para siempre. Pero por lo menos mi corazón completo no está aquí, padeciendo de la indecisión y la turbiedad de un hombre que aún sin merecer mis pensamientos, los tiene.
0 comentarios:
Publicar un comentario