domingo, junio 19, 2011

Fin de semana de junio

domingo, junio 19, 2011
Han pasado menos de diez minutos después de las 10 de la noche. Estoy sola en un departamento viejo en la Colonia Roma Norte, cerca del centro de la Ciudad de México. Mis ojos lucen rojos porque hasta hace unos minutos estaba llorando de rabia, tras una discusión con mi editora de canal. En el estéreo suena Alejandro Sanz ..."la mitad del mapa jamás estuvo en tus manos"... Lo del enojo ya se ha hecho una costumbre, cada vez que mi editora decide que al cuarto para las cinco modifique los textos. Sin embargo, cada vez me cuesta más trabajo controlar mis ataques de ira, porque acumulo más y más antes de explotar. El tiempo acumulado es proporcional a la magnitud de la frustración. Si el dicho japonés que dice que "Como terminan las cosas es como se pueden evaluar", hoy no fue un buen día. Había empezado muy bien, despertando tarde, yendo a correr 5 km, visitando a la familia. Sólo es una confirmación de que la perfección no existe...

Ayer fue similar. Empezó excelentemente bien, si es que el día comienza a las 00:00 de la noche. Una visita no planeada e inesperada de un chico al que veía de reojo en la redacción, al que comenzaba a considerar atractivo, cambió totalmente a la noche en la que aún con alcohol de por medio, no había logrado sentirme más cercana a otro chico al que cada vez le tengo más cariño. Vino y charlamos de las 4 de la madrugada a las 9 de la mañana, intercalando minutos de quedarnos dormidos, cada uno en los sillones que quedan de frente uno del otro. Fue un buen día que había empezado bien. Pero por la noche, el chico que me visitó decidió entrar al chat tomado, y comenzar a hacerme propuestas a través del chat mismo. Le comenté que no me parecía el medio adecuado para decidir si comenzar o no una relación y se molestó, se desconectó y no volví a escuchar de él.. El día que había comenzado tan bien, terminó con confusión y una sensación de haber sido inculpada en algo por pedir respeto a las formas.

El vecindario está en silencio. Ahora suena Mariah Carey, y Goyo, el perro de Marcela (mi compañera de piso) se ha ido a echar a la cama que tiene un cobertor verde con color vino.

Pienso en el vestido que tengo que ir a dejar mañana a la tintorería para la boda de un amigo a la que iré el sábado. Ese amigo, también es un caso especial por contar. Desde hace algunas semanas, se ha dedicado a piropearme incesantemente, como si estuviera aprovechando sus últimos días como hombre soltero. Aunque esos piropos son sólo eso, palabras lindas que me sacan sonrisas, pero sin que se traduzcan en actos. Ni siquiera me toca, no ha habido intento de besos, no ha tocado mi mano. Sólo palabras que levantan el ánimo y que al principio, confundían el alma.

He pensado que vivir en Londres y haber pasado por diferentes situaciones emocionales me ha ayudado a definir qué es lo que me gustaría vivir emocionalmente y eso me ha ayudado a sobrellevar situaciones como las de hoy o ayer.

No puedo negar que a una semana de cumplir un año en México, la idea de volver a Londres sigue rondando mi imaginario onírico. Sueño con que un día de verano soleado, abriré los ojos y estaré justo ahí, en la cima de Primerose Hill y sentiré esa paz de saberme cumpliendo mi sueño, de estar viviendo donde siempre quise, y ahora, sin la mínima necesidad de salir de ahí nunca más.

Mientras, suena en el estereo Amy Winehouse, y pienso en Camden y las noches etílicas con Claudio, Denís, Arash...y pienso que mañana hay que trabajar y levantarme temprano y empezar la semana del aniversario de mi llegada, que quiero que sea sólo buena, para que mi mente, mi alma y yo sepamos, que estoy donde tengo que estar,

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