sábado, octubre 08, 2011

Lluvia

sábado, octubre 08, 2011
Este sonido del agua que golpea al suelo, al concreto, al cemento, a las piedras y a las hojas, despierta con su insistencia mi recuerdo del caminar por Lisboa.

Esa lluvia tenue que al llegar a Belem, se convirtió en aguacero que escurría por la punta de mis cabellos y que acabó de pronto con esa paz que sentía en sus tierras, hasta que ella sola el sosiego me devolvió.

Las gotas que no dejan de caer en esta noche muda, me recuerdan ese amanecer del 27 de diciembre del 2008. Uno de los mejores de mi vida, con amores, amistades, Lisboas por recorrer y Barcelonas por conocer y rincones londinenses que almacenan memorias insustituibles que al pasar me embriagan el alma.

Cuando no estás, pienso en esos otros amores. En Londres y Camden y Primerose Hill. En Lisboa y las caminatas interminables con botas altas, los laberintos de Alfama con su ropa tendida de un balcón a otro y el fado con vinho verde. Y Barcelona y Gaudí y la calidez de los catalanes que he conocido. Y me refugio en ellos para sentir sosiego y reconfortarme en la soledad de esta habitación en la que la luna no se asoma y que la lluvia sólo suena pero no alcanza siquiera a empañar los cristales. Esa soy yo, y cuando no puedo estar a tu lado, abrazada a tu piel y respirando tu perfume casi imperceptible, decido regresar a esos momentos de dicha que me hacen recordar que la felicidad es posible aún sin tu presencia.


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