Me he vuelto intolerante ante ciertos tipos de personas. Sobre todo a los hombres que intentan ser sobreprotectores, machistas que esconden sus defectos tras una supuesta caballerosidad.
No pueden creer que existan mujeres como yo, a las que no hace falta abrirles la puerta, o jalarles la silla, o dejarlas pasar antes, porque no significa nada, porque es una caballerosidad aprendida de memoria que me parece acartonada y falsa.
Así que este es uno de los legados que me dejó Londres. Viviendo en México, tendré que aprender a vivir con esta nueva parte de mí.
En caricatura - Lecciones de honestidad desde el PP
Hace 7 años.
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