Lo que hoy me alberga es un sentimiento de culpa. Culpa por haberte mostrado mis miedos tal como son, con humedad e inseguridades. Casi no te veía los ojos. Los alcancé a ver cuando te asombraste ante mi reclamo tras haber sugerido que te debería de dejar de ver para pensar las cosas. "No me digas eso! No me digas eso!" casi te grité. Eres muy importante para mí. No puedes desaparecer justo ahora.
Mi mente me atormenta mientras pienso qué sentimientos y sensaciones te habrá despertado la plática de anoche.
Y me doy cuenta que mis referencias emocionales del pasado son las que me han invadido el alma de nuevo. Los terribles miedos ante un abandono que ya viví antes, son los que me traslapan emociones en situaciones que no tienen nada que ver.
Mi mente sigue viviendo en el pasado, temiendo cosas que ya viví con otros.
Tal vez David, mi amigo, tenga razón.
Es momento de pasar del análisis a la acción.
En caricatura - Lecciones de honestidad desde el PP
Hace 7 años.
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