Has vuelto a aparecer en mis sueños. Hace mucho que no lo hacías.
Ahora, apareciste sin aviso previo, sentada en un vagón del metro que pasó sobre la estación de Hammersmith, donde cruzan las líneas rosa, amarilla y la azul, la Picadilly line que diario tomaba para ir a trabajar y después de ocho horas, regresar a casa.
Me gustaba cuando me veías desde la ventana de la cocina y me saludabas emocionada.
Me gustaban los viernes de niñas, con arreglo de uñas, pasteles de chocolate para seis personas que nos comíamos entre dos y las botellas de vino rosado que estaba bien fría para cuando llegaba casa. Después, nos íbamos al Dublin Castle a bailar y a ligar si se podía. Cuando no, pasábamos a comprar el kebab y regresábamos caminando por Camden Road tomadas de los brazos, con el aliento oliendo a una mezcla de alcohol y ajo.
Estabas vestida con ese sweater negro sin botones que cerrabas cruzándolo por el medio y amarrando una cinta para que no se abriera. Tenías cruzadas las piernas también y veías hacia afuera.
No me he atrevido a escribirte.
"No estoy lista todavía", dije apenas el sábado ya con dos copas de vino y una cerveza en mi sistema mental.
Sigues aquí adentro.
Mi mente te recuerda cuando menos lo espero y te apareces como ayer en mis sueños y me dejas intranquila todo el día.
Tal vez, aún sin estar lista, sea momento de escribirte unas líneas... de despedida.
En caricatura - Lecciones de honestidad desde el PP
Hace 7 años.
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