martes, agosto 14, 2012

Veranos fríos

martes, agosto 14, 2012


Del bote de basura que estaba vacío anoche, se asoman un par de botellas verdes y vacías de Heineken, pañuelos desechables arrugados y una envoltura negra de un preservativo abierta por la orilla superior. 

La habitación, con suelo de madera que rechina con los pasos, ya no huele a ti ni a la toalla que estuvo a punto de quemarse encima del calentador eléctrico.

La ventana abierta por la mañana dejó entrar algún resquicio del verano que se parece tanto a aquellos que pasé sentada en bancas de parques esperando que el sol calentara el viento que se colaba por las uñas desnudas.

Los veranos fríos provocan nostalgia, me provocan nostalgia  al recordar paisajes verdes cubiertos de neblinas, por la humedad acumulada durante la noche.

La foto del mes de agosto en el calendario me recuerda las tardes corriendo alrededor de Regent's Park, los casi 5 km exactos durante los cuales olía animales enjaulados, veía la mezquita con un techo dorado en forma de cúpula donde se celebraron los funerales del espía ruso envenenado, el cochecito de helados a la entrada y plantas y flores que cambiaban de forma y de colores dependiendo el clima y su ánimo vegetal.

 Nunca la podré olvidar. Cada vez que mi mente se escapa a esos espacios sin que yo lo desee, los recuerdos de nuestras caminatas reaparecen.

A ella la imagino igual de bella, igual de superficial, infantil y exageradamente femenina. La recuerdo tomándome de la mano o compartiendo mi cama.

Una parte de su ser se quedó incrustado en mí para siempre pese a la dolorosa separación a la que nos fue empujando el destino.

Cuando la recuerdo, me imagino parada esperando el autobús afuera de la estación de King's Cross de noche, en pleno verano... Y así me quedo,por siempre, esperando mientras disfruto el silencio de un domingo por la noche.

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