viernes, febrero 08, 2013

viernes, febrero 08, 2013
Al mejor estilo de un libro de autoayuda, he decidido emprender una campaña para quererme más.
Ayer decidí que era el día de amar a mi cabello...
Lo difícil no es tal vez, amar una parte de mi cuerpo. Con él siempre he estado a gusto, la verdad. Las clases de natación y el ejercicio lo moldearon de tal manera que cuando me veo en el espejo y no estoy pasada de peso, me encanto.
Lo difícil es, en realidad, despertar al día siguiente de que le echaste bronca a la persona más valiosa para ti en el mundo, y no odiarte. Porque además, las veces que lo haces, en el fondo sabes que posiblemente mañana te arrepentirás y porque ante tus reclamos de que no responde tus "te extraño" o tus "te amo", el te dice que prefiere demostrártelo y que él se siente a gusto estando contigo. Aún así, insistes en que tal vez él es el que no está a gusto contigo...
Ya que cuelgan después de casi una hora de una discusión que no lleva a nada, lloras mucho y para dormir te tomas una cerveza y de pronto sueñas a hombres con pasamontañas, vestidos de negro y armados que te rodean y de los cuales escapas corriendo. (Ah era eso... mi subconsciente estaba malhumorado por ESO, no por Edu...)
Despiertas y te sientes terrible por todo lo que le dijiste anoche. Porque sabes que aún cuando el pueda decirte que tú eres la que te andas imaginando cosas malas e infiriendo que él quiere verte menos, si tu insistes en quejarte, podrías abrir la puerta a un malestar mutuo y no quieres. (En eso te das cuenta que estás reglando...)
La campaña para amarme mejor en realidad debería ir encaminada no tanto a querer a mi cuerpo, sino a quererme tal como soy. Que si una noche me sentí con ganas de que me contestaran "yo también te extraño" o "te amo más" lo puedas decir de una manera sana porque esas ganas en si no tienen nada de malo, lo malo es que lo muestras creando tensión y posiblemente eso no va a dar los resultados que quieres.
La campaña para amarme es, admitir que a veces soy más vulnerable que otras, que hay días en los que te dan ganas de un apapacho o de dormir abrazada de él aunque no siempre se pueda y que eso no me hace más débil o demandante, sino humana.
Que es normal que no quieras herir a quien amas pero que estás aprendiendo a mostrarte vulnerable y que a veces te muestras a la defensiva porque el miedo por salir herida ahí sigue.
Y que tal vez sientas que es una muestra de debilidad o de contradicción el que le hayas enviado un correo deseándole un excelente día, pero es tu manera de decir, "perdón, te amo".

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