¿Qué es lo que se tiene que hacer con el miedo?
Ese sentimiento que de pronto te oprime la mente, el alma, el pecho, que te corta la respiración, que hace que te tiemble la voz y que te veas más pálida de lo normal.
¿Se puede llorar el miedo? Dejar que las lágrimas se lleven parte de él para que se vuelva a absorber por los poros de la piel y que algunas se sequen y dejen marcas de sal. Llorar hasta que se pongan rojos los ojos y que se hinchen los párpados y solo te acuerdes de él cuando te veas en el espejo mientras intentas disimular con más rimel y más delineador de lo normal esos ojos que hoy no se ven tan japoneses.
¿Se puede golpear el miedo? Golpear una superficie suave, como una almohada o el colchón de la cama donde ayer hiciste el amor y lo manchaste de sudor y de otras sustancias. Golpear hasta que te duela el brazo, mas no las manos, porque recuerda, es superficie suave y tus nudillos no sangrarán como cuando tu hermano golpeaba las paredes y les hacía hoyos, o como cuando Jaime golpeaba el clóset y hacía tambalear la botella de whiskey barato que compró en el único paquistaní que estaba abierto a las 3 de la mañana, cuando la echó de menos y salió a caminar en medio del gélido viento que nos mandaba el Támesis.
¿Se puede callar el miedo? Callar y sonreír, como si nada hubiera pasado nunca. Morir por dentro, sentir que las grietas del corazón se abren y que cada respiro que das te duele, pero disimular, aún cuando estás sola y no haya nadie más a quién ocultar tus temores y demonios. No querer enfrentarlos y hacer como si en tu vida nunca te hubieran herido y que eres feliz y poner música con ritmos alegres que distraigan a la mente de esos recuerdos crueles, sabiendo que un día, cuando menos lo esperas, vas a querer gritar lo que tanto tiempo llevas callando.
En caricatura - Lecciones de honestidad desde el PP
Hace 7 años.
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