La taza de flores azules con fondo blanco tiene todavía un poco del té verde que me hice para despertarme de sueños imposibles a las 3 de la tarde.
Mi mente, de pronto, pasa de los maestros disidentes a tu mirada, a tu sonrisa, a mis pensamientos que se preguntan si alguna vez has sentido celos por mí, si alguna vez me has echado de menos en medio de esa enorme cama que rodeas de polvo blanco para que no se suban las pequeñísimas hormigas a tus sábanas por la noche.
Yo amanecí imaginándote a mi lado, tranquilo, en paz, cariñoso y amoroso como sueles ser, a veces, por las mañanas. Porque hay mañanas en las que de pronto, pareciera que olvidas que estás conmigo y sueltas mis dedos que se habían entrelazado por la noche cuando nos abrazamos y cerramos los ojos después de un pequeño beso.
El té verde no me ha dado la concentración necesaria para dejar de recordar tu voz que tanto me gusta, pero sobre todo, tu sabiduría de monje budista que ha vivido miles de vidas antes de llegar a la de hoy.
Yo te recuerdo a tí para ser feliz. No necesito recordar nada más. No necesito pensar, en realidad, ni en nuestro sueño de viajar juntos a Japón, ni en la vida allá, ni en momentos que antes me causaban nostalgia como Lisboa o Londres.
Ignoro en realidad cómo es que tú me recuerdas, cómo es que tú me defines y me colocas adjetivos en tu cabeza.
Sólo sé que eres como esa paz que trae la luna llena a mi alma. Ese ir y venir de las olas pausadas del mar del Caribe, ese respirar tranquilo de un bebé que duerme con la confianza de que nada malo puede pasar. Así te pienso yo porque así eres.Y así te amo.
En caricatura - Lecciones de honestidad desde el PP
Hace 7 años.
0 comentarios:
Publicar un comentario