sábado, abril 23, 2011

Carta desde México

sábado, abril 23, 2011
Querido Londres:

Acá el sol nunca deja de salir y las horas son cálidas hasta bien entrada la madrugada.
A pesar de esto, el sol no cambia ya los ánimos de las personas ni dibuja sonrisas. El sol
es tan sólo una parte de lo cotidiano, del ruido, de los empujones, de los olores.

Extraño los silencios invernales que se interrumpían por los zumbidos de la calefacción que se apagaba por las noches.

Me he sentido fuera de sitio. Me cuesta sentir empatía con casi todos, a veces hasta con los de mi propia sangre.

En las mañanas, cuando los ruidos empiezan temprano al lado de la ventana, es cuando más me pregunto qué fue lo que realmente me ha mantenido relativamente tranquila y menos deprimida de lo que solía estar en esas noches largas dentro de ti.

Tengo una ira guardada, Londres. La tengo muy en el fondo de mi alma, y cuando no logro distraerla y sacarla de mi mente y de mis entrañas, comienzo a odiar todo lo que me rodea. Odio, incluso, el sol que con tanto anhelo esperaba desde mis ventanas.

Tengo ganas de salir corriendo y gritarle a esta maldita ciudad que la odio, que no hay un solo rincón al que pueda ir para sentir paz. No tengo una colina de la cuál pueda ver la ciudad y sentirme aliviada al darme cuenta que soy sólo una pequeña parte de la vida dentro de ella.

Aquí soy parte del caos, del ruido, del rencor, del hacer como si no pasara nada...

Soy ajena a todos y a todo. Soy extranjera en mi propia tierra, en la que me vio nacer y crecer dentro de un par de culturas.

Y sin embargo, mi mente y mi ser y mi intuición me dice que aún es temprano para salir corriendo y para dejar truncado este regreso.

lunes, marzo 07, 2011

lunes, marzo 07, 2011
El amor existe. ¿Donde y cómo lo encontraré?
Disfruté más el camino que la meta. Perdía la noción del paso de las horas, no pensaba ni en limitaciones físicas ni emocionales. Estaba caminando hacia mi sueño, hacia una realidad que me traería felicidad infinita.

Andar un camino sin meta, pero con la ilusión de que se alcanzará la cima podría ser el secreto de mi felicidad.

lunes, febrero 07, 2011

lunes, febrero 07, 2011
Se vale llorar para calmar el alma desasosegada...

Nowhere me

El regreso ha tardado más de lo esperado y ha sido mucho más tortuoso de lo soñado. Azoté puertas al llegar y abrí ventanas estruendosamente por el sol que había vuelto a salir (por un instante nada más…). No logré evitar los moretones por los golpes contra la fría y ajena realidad y esas ganas de dejar todo y correr a ningún lado y a todos al mismo tiempo lanzado lejos promesas y bienvenidas.

Casi 1,500 días bastaron para olvidar mis orígenes, o lo que quisieron hacerme creer sobre donde nacemos y dónde y cómo queremos morir. Los interminables inviernos nos ayudan a descubrir la posibilidad de caminar sin necesidad de sonrisas falsas, los “estoy bien” fingidos, los “poco a poco” forzados.

Caminos rocosos y empinados pero con palmadas en la espalda que se lleva el amanecer y una soledad tan profunda que no quisiéramos nunca cerrar puertas, aunque el viento amenace con llevarse los recuerdos de instantes felices, auténticamente felices.

No hay espaldas cálidas, no hay sonrisas auténticas, no hay ataduras y aún así, me inmovilizo y trato de convencerme de que todo estará mejor al amanecer, aunque en el fondo nada nos dé la certeza siquiera de un mañana.

Y tu sonrisa se borró entre las lágrimas que nublan la visión y tus palabras se las llevaron el tiempo antes que el viento y sólo quedó aquel brazalete que me regalaste sorpresivamente una mañana de octubre antes de iniciar el viaje de verdad. (Y no puedo sostener tu mirada retadora, seductora y desvío mis ojos al vacío después de sentirme débil…)

Y esos instantes al lado del mar se fueron con las olas y el tacto de tu brazo contra el mío duró unos segundos para convertirse en eternidad.

Así han pasado ya más de 200 días…menos de un tercio de mi felicidad.

sábado, febrero 05, 2011

La vida que nos cambia

sábado, febrero 05, 2011
Me he vuelto intolerante ante ciertos tipos de personas. Sobre todo a los hombres que intentan ser sobreprotectores, machistas que esconden sus defectos tras una supuesta caballerosidad.

No pueden creer que existan mujeres como yo, a las que no hace falta abrirles la puerta, o jalarles la silla, o dejarlas pasar antes, porque no significa nada, porque es una caballerosidad aprendida de memoria que me parece acartonada y falsa.

Así que este es uno de los legados que me dejó Londres. Viviendo en México, tendré que aprender a vivir con esta nueva parte de mí.

sábado, enero 15, 2011

Can't stop missing...

sábado, enero 15, 2011
Noches como hoy, en la que estoy sola y que la música tristona de Madredeus invade mis oídos y el resto de mis sentidos, me pregunto qué hago aquí.

Extraño irremediablemente las calles de Londres, de noche, de día, en verano, en invierno, en primavera, en otoño y me duele el alma como si hubiera dejado Londres apenas ayer...

Y me duele demasiado pensar que estoy tan lejos de mi ciudad favorita, tan amada, tan inolvidable, tan encantadora, tan mía...

Yo pertenezco a Londres y sus bullicios y a sus calles en las que se camina por la izquierda y sin paraguas aunque esté lloviendo...
 
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