domingo, agosto 07, 2011

El miedo

domingo, agosto 07, 2011
El miedo que paraliza, que vuelve a herir porque revive el dolor y encoge el alma.
Llena de miedo es como me he descubierto ahora que he intentado establecer una relación de pareja más estable con un chico que me ha encariñado y de ahí ha levado mi cariño a algo más parecido al enamoramiento.

Pero el miedo al dolor está ahí todo el tiempo, y el miedo al engaño y el miedo al abandono y a esa soledad que se siente sin estar sola.

Quisiera tener el valor de dejar todo eso, dejar de cargarlo, para poder empezar limpia, de cero, sin esa inquietud interna que me dice, estate alerta, no te sueltes...

Aunque poco a poco sus ojos me convenzan de que vida hay una, y que nada nunca será igual y nadie es idéntico y que por eso, debo de darme a mí misma una oportunidad de ser feliz....

miércoles, junio 29, 2011

miércoles, junio 29, 2011
Sueño con tierras catalanas, ojos catalanes color aceituna, pieles color olivo.
Sueño con olores y voces y tierras y sensaciones y acentos británicos, ojos claros, pieles blancas casi transparentes, amables, seguras, tranquilas, tiernas.
Sueño y sueño y sueño

Y tú que dices conocerme tan bien, conoces tan poco, tan poco de mi.

domingo, junio 26, 2011

domingo, junio 26, 2011
Me arden los labios. Los labios rojos, y que aún sienten tus labios sobre los míos, y que son la prueba viva de que sí te besé, una, otra y otra vez... Y mi boca sigue sintiendo tu aliento en mi aliento, tu lengua acariciándome
Aunque no recuerdes ya, nada de eso....

domingo, junio 19, 2011

Fin de semana de junio

domingo, junio 19, 2011
Han pasado menos de diez minutos después de las 10 de la noche. Estoy sola en un departamento viejo en la Colonia Roma Norte, cerca del centro de la Ciudad de México. Mis ojos lucen rojos porque hasta hace unos minutos estaba llorando de rabia, tras una discusión con mi editora de canal. En el estéreo suena Alejandro Sanz ..."la mitad del mapa jamás estuvo en tus manos"... Lo del enojo ya se ha hecho una costumbre, cada vez que mi editora decide que al cuarto para las cinco modifique los textos. Sin embargo, cada vez me cuesta más trabajo controlar mis ataques de ira, porque acumulo más y más antes de explotar. El tiempo acumulado es proporcional a la magnitud de la frustración. Si el dicho japonés que dice que "Como terminan las cosas es como se pueden evaluar", hoy no fue un buen día. Había empezado muy bien, despertando tarde, yendo a correr 5 km, visitando a la familia. Sólo es una confirmación de que la perfección no existe...

Ayer fue similar. Empezó excelentemente bien, si es que el día comienza a las 00:00 de la noche. Una visita no planeada e inesperada de un chico al que veía de reojo en la redacción, al que comenzaba a considerar atractivo, cambió totalmente a la noche en la que aún con alcohol de por medio, no había logrado sentirme más cercana a otro chico al que cada vez le tengo más cariño. Vino y charlamos de las 4 de la madrugada a las 9 de la mañana, intercalando minutos de quedarnos dormidos, cada uno en los sillones que quedan de frente uno del otro. Fue un buen día que había empezado bien. Pero por la noche, el chico que me visitó decidió entrar al chat tomado, y comenzar a hacerme propuestas a través del chat mismo. Le comenté que no me parecía el medio adecuado para decidir si comenzar o no una relación y se molestó, se desconectó y no volví a escuchar de él.. El día que había comenzado tan bien, terminó con confusión y una sensación de haber sido inculpada en algo por pedir respeto a las formas.

El vecindario está en silencio. Ahora suena Mariah Carey, y Goyo, el perro de Marcela (mi compañera de piso) se ha ido a echar a la cama que tiene un cobertor verde con color vino.

Pienso en el vestido que tengo que ir a dejar mañana a la tintorería para la boda de un amigo a la que iré el sábado. Ese amigo, también es un caso especial por contar. Desde hace algunas semanas, se ha dedicado a piropearme incesantemente, como si estuviera aprovechando sus últimos días como hombre soltero. Aunque esos piropos son sólo eso, palabras lindas que me sacan sonrisas, pero sin que se traduzcan en actos. Ni siquiera me toca, no ha habido intento de besos, no ha tocado mi mano. Sólo palabras que levantan el ánimo y que al principio, confundían el alma.

He pensado que vivir en Londres y haber pasado por diferentes situaciones emocionales me ha ayudado a definir qué es lo que me gustaría vivir emocionalmente y eso me ha ayudado a sobrellevar situaciones como las de hoy o ayer.

No puedo negar que a una semana de cumplir un año en México, la idea de volver a Londres sigue rondando mi imaginario onírico. Sueño con que un día de verano soleado, abriré los ojos y estaré justo ahí, en la cima de Primerose Hill y sentiré esa paz de saberme cumpliendo mi sueño, de estar viviendo donde siempre quise, y ahora, sin la mínima necesidad de salir de ahí nunca más.

Mientras, suena en el estereo Amy Winehouse, y pienso en Camden y las noches etílicas con Claudio, Denís, Arash...y pienso que mañana hay que trabajar y levantarme temprano y empezar la semana del aniversario de mi llegada, que quiero que sea sólo buena, para que mi mente, mi alma y yo sepamos, que estoy donde tengo que estar,

domingo, junio 12, 2011

Fin de semana

domingo, junio 12, 2011
Domingo 12 de junio del 2010

Esperé demasiado para comprar Gatopardo de este mes, que no la pude encontrar disponible en el estante de la tienda por la que siempre paso únicamente para eso, para comprar la revista. (Siempre pasa que cuando yo digo que haré algo, la vida me pone trampas para demostrarme que aquí, la que manda es ella.)

Los cuatro pasos del guerrero:
1) Miedo: cuando uno sabe a qué le tiene miedo, lo puede controlar
2) Claridad: una vez teniendo claro a qué le tenemos miedo, tenemos la claridad para llegar a donde sea y hacer lo que sea que queramos
3) Poder: Así es como adquirimos poder
4) Tiempo: pero al final nos queda un último obstáculo, el tiempo que siempre trabaja en nuestra contra.

Han sido días de no escribir. No escribir nada que sea personal. Ningún correo para los amigos, más que para planear posibles viajes. Pero conmigo llevo varios meses sin hablar de manera escrita.
Ha habido días difíciles y llenos de confusión. Eso, confusión. De no saber qué camino andar, de no andar sin rumbo fijo. Pienso que desde que llegué de Londres, hace casi un año, comencé a andar un camino que parecía ser el adecuado, pero nunca me puse ya realmente a pensar si así era o no.
No tengo claro qué quiero del futuro ni si él quiere algo de mi y de mi vida.
Mi cuerpo ha cambiado. Se ha vuelto más delgado, más reseco, y duele más seguido.

Pero...¿qué quiero yo de la vida?
Me la he pasado buscando un estado permanente de felicidad, como de pronto me imagino que era mi vida en Londres, aunque en realidad, también había muchos momentos de tristeza. Tantos que recuerdo que en un punto, estaba desesperada por dejar Londres e irme a vivir a Madrid o Barcelona. Tengo la costumbre de creer que vivir en otra ciudad, otro sitio, ayuda a la felicidad. Pero en realidad, lo que ayuda a la felicidad soy yo misma, y aún sabiéndolo siempre se me olvida.

La felicidad no viene nunca de algo externo. Viene de una misma, de mi misma, de saber disfrutar de lo que existe en cada momento, en cada instante.

lunes, junio 06, 2011

lunes, junio 06, 2011
Tantas coincidencias, tantas estúpidas y dolorosas coincidencias...
El sol en mi piel estaba así de frío ese día y así de blanco sobre las aceras. Se reflejaba casi igual sobre las hojas que comenzaban a volverse amarillas para pronto caer al suelo que las integraría poco a poco al paisaje otoñal.
La misma música, la misma sensación, esa estúpida sensación de que, por fin, la búsqueda había terminado.
Y nada terminó. Todo fue el inicio de un laberinto del cuál no he logrado salir, sigo ahí, atrapada.

lunes, abril 25, 2011

10 meses

lunes, abril 25, 2011
Hace meses que dejé mi costumbre de mirar el clima londinense. Además de que es poco acertado, ya no vivo ahí. Han pasado 10 meses desde que empaqué todo, bajé las escaleras con tres maletas (una de ellas cargada por Zoi), me subí a un cab manejado por un británico - indio y abordé el avión para acabar donde estoy ahora.

Han sido 300 días que se han pasado pronto e imperceptiblemente pero lento y tortuosamente. Al inicio soñaba con que algo me daría la oportunidad de volver a ese Londres que dejé en uno de los veranos más espectaculares que había visto en los últimos cuatro años. Ahora, ya sólo invento en mi mente que regresaré un septiembre, de vacaciones. Aunque también sigo soñando que un día tomaré ese mismo vuelo que abordé un 25 de junio, pero de vuelta y no volveré jamás a esta ciudad paranóica.

En el camino he dejado a algunos amigos, algunos parques y mi lugar favorito. El único en el que realmente me he logrado sentir en paz y al que corría cuando la tristeza o la impotencia o la frustración me acosaban.

Hoy intento encontrar rincones nuevos que descubrir, pero mi capacidad de asombro, de pasión, de constancia ardiente, al parecer, se han quedado en suelos londinenses.

En estos 300 días, he intentado olvidarme que en unos 65, ya habré cumplido un año buscando un hueco en el que me sienta segura, feliz, ilusionada, iluminada, pero no ha sido una labor sencilla.

La soledad que aprendí en Londres y que me tenía escribiendo, estudiando y viajando sin compañía, se ha vuelto acá en un refugio que me tiene pasmada sin capacidad de moverme, sin energías, con ganas de que pase el tiempo y que de pronto exista un pretexto, un motivo y el sentido para volver a salir de esta ciudad que me asfixia.

Hoy ya no sueño con Primerose Hill, o las calles de Camden o con mis amigos a los que tanto me dolió sacar de mi imaginario diario.

Me doy cuenta de que algo está germinando dentro de mí y que tal vez ese algo pueda ser llamado esperanza, alegría, libertad, pero lo cierto es que no estoy segura. Podría ser únicamente una quimera y ser sólo un reflejo inverso de lo que en realidad se esconde en mi alma.

O esa maldita manía de intentar ser optimista para poder atraer cosas positivas.

No he amado ni he sido amada desde que llegué. Han sido 300 días en los que me he mantenido conmigo misma, con esa que cree en Londres y que se resiste a soltar recuerdos y con esa que no está segura de dejar entrar a alguien sin que entienda plenamente mi luto, mi soledad impuesta, mis ganas de pronto despertar y estar cubierta del edredón rojo en una cama matrimonial junto a una ventana con vista a la ruidosa Camden Road.

A veces, también me aburro de mí. Me desespera no poder superar de una vez por todas una vida que duró únicamente cuatro años y no más. Me gustaría mandar todo a la chingada, tirar esos lindos recuerdos por la borda y como hace casi cinco años, decidir empezar desde cero. A mi melancolía la comencé a ignorar hace como 100 días. Hago un esfuerzo enorme por disfrutar esta ciudad y verle el lado color de rosa y atenuar un poco ese rechazo que sigue en nivel de odio.

Sugerencias ha habido varias. Que me enamore (terrible consejo...), que me salga a caminar por la ciudad y la redescubra, que practique nuevas actividades en las que pueda conocer a gente interesante... Todo eso ya lo hice en Londres y no me apetece empalmar experiencias en mi alma y darme cuenta que falta algo....mucho.

Y así continúan los días y mañana ya serán 301 y me dan ganas de romper en llanto porque son días que no me han calado, que no han logrado sacudirme nada absolutamente nada. Me he vuelto apática, aburrida, insegura y antisocial. Y ahora resulta que extraño el sol londinense y hasta el invierno.

Así han pasado 300 días, deseando, pero no profundamente, adaptarme de nuevo a esta ciudad y ser capaz de sentir la felicidad hasta en mis poros.
 
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