Por costumbre y por inercia, doy vuelta a la izquierda. Pero al dar el primer paso, recuerdo que hoy caminaré sobre Tollington Park, no sobre Hornsey Road. Hoy es uno de esos días soleados y cálidos que se colaron entre frío y frío en pleno diciembre. No hace calor, pero pienso que pude haber salido sin la chamarra gruesa y negra que es parte de mi look desde que la temperatura bajó a menos de 15 grados. Tal vez ni siquiera necesito la bufanda. El olor de Euphoria de CK me recuerda mis domingos como estudiante. Me hace sentir de nuevo esa culpa por no estar estudiando y estar caminando por la calle. Puedo revivir esa sensación como si aún debiera estar repasando fórmulas en ese cuarto de 3 x 3 en Camden.
Mientras camino y admiro las puertas de colores de las casas que están formadas sobre esta calle, me atormenta darme cuenta que aún no tengo una historia que contar para mi trabajo final. Me he quitado la pinza negra con la que me recojo el cabello, pero me arrepiento unos segundos después, porque sopla fuerte el viento y los cabellos se me pegan a los labios con brillo color vino y sabor a toronja. Saco la mano de mi bolsa derecha y me hago una cola de caballo que sostengo con mis dedos. Aún no me decido a volver a abrocharme.
Me cruzo con el café que me contó Zoi, el Front Room Café. Un par de veces, he querido salir de casa para venirme a leer a este café que por fuera parece pub por sus bancas de madera. Hoy está lleno y no me atrevo a entrar. Además, sólo salí a comprar los periódicos con la esperanza de que me den un poco de luz sobre lo que podría escribir esta semana.
En mi bolso con flores y mariposas moradas adornado con pequeñas piezas de chakira color plata, llevo una lista que incluye también papel de baño, servilletas y queso feta. Antes de entrar al Tesco, me cruzo con una tienda que tiene una veintena de árboles de navidad naturales de todos los tamaños. Este año no me he sentido nada navideña. Nada en mi casa está adornado con motivos decembrinos y ni siquiera pienso celebrar una costumbre que desde que me dijeron que Santa no existía, dejó de tener valor para mí y para mi familia.
Tomo The Guardian, The Independent, un paquete de nueve rollos de papel, un fajo de servilletas blancas y un queso feta griego marca Tesco. Los pago y los meto en mi bolso y camino de vuelta.
Hoy dedicaré mi día a leer. Leer periódicos, leer el material del taller de periodismo narrativo, leer, leer y leer. Leer me ayuda a no pensar en cosas que no tienen salida ni solución a corto plazo. Es la mejor manera de hacer que el tiempo pase los domingos. Posiblemente así la pasaré en navidad y año nuevo. Leyendo y escuchando por enésima vez las mismas canciones.
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