Lo hace en los momentos menos esperados, cuando se supone que no deberían siquiera de ocurrir.
Hace muchos meses que no tenía pesadillas. Cuando comenzamos a salir, extrañamente, pasaba por un momento de mi vida en el que mi subconsciente estaba más activo que nunca y al rascar la arena al fondo del agua, se levantaba una polvareda que desaparecía lo transparente de ese líquido. Como era tan recurrente, me regalaste un libro de Michael Ende que tú habías apreciado mucho durante tu infancia.
Pasaron los meses, dejé de soñar pesadillas y ayer en la noche, contigo dormido a mi lado, soñé que discutía horrible con mi madre, como no lo hacía desde que era adolescente. Yo no me di cuenta de que estaba llorando también fuera del sueño, en la vida real, como tu le llamas. Y de pronto me despertaron caricias en la espalda y tu voz diciéndome que todo estaba bien.
Ese fue uno de los gestos más amorosos que han tenido conmigo en toda la vida. Cuando al abrir los ojos te vi a mi lado asustado, preocupado y amoroso, sentí un enorme alivio, y como no me pasa casi nunca, pude volver a dormir casi de inmediato después de ese álgido sueño.
No sé si en tu cabeza y en tu corazón te hayas preguntado si me amas o no, pero ese tipo de gestos me hacen sentir muy suertuda y enormemente agradecida por estar a tu lado, Shparky.
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