Si todo el día ha estado nublado, hace frío y el sol se oculta apenas dan las 18:00, no hay forma de que no extrañe Londres y sus inviernos que tantas depresiones me provocaron. Por lo menos, allá vivía entre dos mundos: el exterior con vientos helados y mi flat, con calefacción. Acá tengo que prender mi calentadorcito para poder soportar el depa de por sí congelante.
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