martes, noviembre 06, 2012

¿Adiós a Londres? // Texto que no se había publicado en el 2010

martes, noviembre 06, 2012
Hay tantas razones por las que me gustaría quedarme en Londres de manera permanente, que pensar en ellas me asfixia y me genera ataques de ansiedad. Que para que me pueda quedar - a corto plazo - tenga que mantener el empleo que tengo hoy en día es una realidad demasiado desafortunada. Sobre todo si considero que mi futuro profesional y toda mi experiencia y mis esfuerzos por sobresalir se irían directamente a la basura. 

¿Qué importa más? ¿Realizarme profesionalmente y poder levantarme cada mañana con la satisfacción de que trabajo en algo que me gusta? o ¿Levantarme medio de malas, medio triste pero dejar que ese sentimiento se vaya atenuando conforme camino por las bellas calles de Londres y tener la posibilidad de correr a esa colina para ver a Londres desde arriba y sentir esa paz enorme y decir "soy nada...no soy nadie, la vida es pasajera, la vida no es la realización, son los pequeños detalles, los amigos, los cariños logrados"?

Algo que temo mucho perder es a mí misma. A la Hanako versión Londres. Mucho más tolerante, mucho más independiente, mucho más libre y solitaria. Además hay motivos mucho más banales como que me gustan los hombre europeos, que me puedo embobar viendo a bellezas masculinas que por azares del destino cruzan a mi lado o se sientan frente a mí en mi viaje por el metro. Incluso me gusta que algunos de esos hombres bellos me voltean a ver porque acá los estándares de belleza son distintos y como decía una conocida: "En Londres me siento más atractiva". ¿Quién lo diría? ¿Más atractiva en Londres que en México? 

También perderé la libertad sexual con la que vivo desde hace 3 años y medio. Me he involucrado sexualmente con personas que sin problema alguno siguen siendo mis amigos, amigos reales, de los que te ofrecen un hombro para llorar o recargarte. ¿Pasa eso en México? No lo creo. Por lo menos a mí jamás me pasó. Es más, la mayoría de los mexicano que estuve involucrada sentimentalmente ya ni me hablan y encontrármelos por la calle no me genera felicidad.

¿Soy yo? ¿Soy yo la que por mi percepción he cambiado la realidad a mi conveniencia? 
No es que no quiera a México, y a su comida y a su gente de sonrisas fáciles y el sol y las playas... Simplemente nunca me había sentido tan en casa como en Londres. ¿Absurdo? Tal vez, pero es la verdad.


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