Hay tantas razones por las que me gustaría quedarme en Londres de manera permanente, que pensar en ellas me asfixia y me genera ataques de ansiedad. Que para que me pueda quedar - a corto plazo - tenga que mantener el empleo que tengo hoy en día es una realidad demasiado desafortunada. Sobre todo si considero que mi futuro profesional y toda mi experiencia y mis esfuerzos por sobresalir se irían directamente a la basura.
¿Qué importa más? ¿Realizarme profesionalmente y poder levantarme cada mañana con la satisfacción de que trabajo en algo que me gusta? o ¿Levantarme medio de malas, medio triste pero dejar que ese sentimiento se vaya atenuando conforme camino por las bellas calles de Londres y tener la posibilidad de correr a esa colina para ver a Londres desde arriba y sentir esa paz enorme y decir "soy nada...no soy nadie, la vida es pasajera, la vida no es la realización, son los pequeños detalles, los amigos, los cariños logrados"?
Algo que temo mucho perder es a mí misma. A la Hanako versión Londres. Mucho más tolerante, mucho más independiente, mucho más libre y solitaria. Además hay motivos mucho más banales como que me gustan los hombre europeos, que me puedo embobar viendo a bellezas masculinas que por azares del destino cruzan a mi lado o se sientan frente a mí en mi viaje por el metro. Incluso me gusta que algunos de esos hombres bellos me voltean a ver porque acá los estándares de belleza son distintos y como decía una conocida: "En Londres me siento más atractiva". ¿Quién lo diría? ¿Más atractiva en Londres que en México?
También perderé la libertad sexual con la que vivo desde hace 3 años y medio. Me he involucrado sexualmente con personas que sin problema alguno siguen siendo mis amigos, amigos reales, de los que te ofrecen un hombro para llorar o recargarte. ¿Pasa eso en México? No lo creo. Por lo menos a mí jamás me pasó. Es más, la mayoría de los mexicano que estuve involucrada sentimentalmente ya ni me hablan y encontrármelos por la calle no me genera felicidad.
¿Soy yo? ¿Soy yo la que por mi percepción he cambiado la realidad a mi conveniencia?
No es que no quiera a México, y a su comida y a su gente de sonrisas fáciles y el sol y las playas... Simplemente nunca me había sentido tan en casa como en Londres. ¿Absurdo? Tal vez, pero es la verdad.
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